jueves, 26 de febrero de 2009

Caída al vacío de unos ojos tristes


Una metralla de aristas de sueños partidos.

Su mirada era un chorro afilado de flores muertas.

Y ella ya lo sabía.

Observaba como arropando los objetos con una nevada sorda

de sangre en polvo, como regando de grises las cosas

con una pátina oxidada en muertes inútiles.

Dos taladros invisibles contra la geometría distorsionada del espacio,

contra las cenizas de los cuerpos huecos,

perforando y extendiendo esta infección de penas sucias,

diseminando esta quietud desconcertante de cielo de cuadro,

esta siniestra sospecha de jardines secos bajo nubes de hielo negro.

Golpeando hasta detrás del fondo opaco de otras pupilas y su esperanza.

Mataba de tristeza todo lo que miraba.

Y ella ya lo sabía.

Por eso llevaba hundidos sus ojos de llama de plástico.

Contenidos junto al dolor, tras unas rejas de piel y pestaña

que eran persianas de plomo caliente.

Escondía su devastación arrojadiza y secreta

como colocándole un bozal de paja a un rebaño de tormentas.

Y una vez me miró a mi.

Y en realidad no me miraba.

Y ya nunca supe si morirme de todas formas,

o morir sin llegar a ser matado sin embargo.

Si podía existir aún esta extraña envidia mecánica

de tragedia misteriosa en tonos fríos,

dibujando un naufragio invisible en un desierto de tristeza líquida.

Resbalando como el tiempo grumoso y letal

por las cornisas prometidas de la conciencia imprecisa.

Fué la última vez que miré a los ojos.


lunes, 23 de febrero de 2009

Julio Denis vive!


"El poeta es el hombre que busca el otro lado", afirmaba Julio Cortázar en la entrevista que Joaquín Soler le realizó -durante más de dos horas, pitillo y whisky en mano- en 1977 para el programa Afondo, de Televisión Española.

Para los espectadores de la España posfranquista, ese escritor argentino de expresarse metódico y más de 1,90 de altura se reveló como un personaje enigmático, que hablaba de "lectores cómplices y activos" e "historias contadas al revés".

En 2009, en el 25 aniversario de su fallecimiento, la figura del prolífico escritor y renovador de la literatura latinoamericana todavía añade más leña al fuego de su mito: Alfaguara publicará en mayo Papeles inesperados, un libro-contenedor con una decena textos inéditos.

La obra, descubierta hace poco en el domicilio parisino de Cortázar, reúne 11 relatos nunca publicados, tres historias de cronopios desaparecidas, un capítulo inédito de Libro de Manuel (1973),11 episodios protagonizados por Lucas, cuatro autoentrevistas y 13 poemas nuevos.

Además, incluirá artículos del escritor sobre literatura, política, viajes, etcétera.

Asimismo, Galaxia Gutenberg engrosará sus varios volúmenes de Obras Completas y Alpha Decay se estrenará con la publicación de parte de su correspondencia personal con amigos y familiares.

sábado, 21 de febrero de 2009

Rajando tripas


JORNADA DE CIRUGIA HEPATOBILIOPANCREATICA
TUMORES HÉPATICOS BENIGNOS
Guadalajara19 febrero 2009
SERVICIO DE CIRUGIA GENERAL Y DIGESTIVO
Hospital Universitario de Guadalajara

PROGRAMA
9:30: INAGURACION

Dr. J. GARCIA-PARREÑO
Servicio de Cirugía. Hospital Universitario de Guadalajara
Dr. C. ARMENDARIZ
Dtor. Gerente. Hospital Universitario de Guadalajara

9:45 H MESA:
MODERADORES: Dres. J. MIR y F. PEREIRA
Estudio radiológico de los Tumores Hepáticos Benignos
Dr. C. VALLS
Tumores Hepáticos Benignos Sólidos
Dr. SANTOYO
Tumores Hepáticos Benignos Quísticos
Dr. E. RAMOS

11:30H: DESCANSO – CAFE

12:00 H MESA
MODERADORES: Dres P. PARRILLA y F.PARDO
Cirugía laparotómica en Tumores Hepáticos Benignos
Dr. S: LOPEZ BEN
Cirugía laparoscópica en Tumores Hepáticos Benignos
Dr. R. ROBLES
Trasplante en Tumores Hepáticos Benignos
Dr. J. C. GARCIA VALDECASAS



Los tumores hepáticos sólidos benignos (THSB) son lesiones relativamente frecuentes que se encuentran en cerca del 10% de la población y suelen ser asintomáticas. En los pacientes que presentan síntomas hay que asegurarse de que no estén causados por otro proceso patológico. En muchas ocasiones, los THSB se diagnostican casualmente en métodos de imagen o laparotomías realizadas por otras causas. La mayoría de los THSB no precisa tratamiento y es importante obtener
un diagnóstico preciso y descartar malignidad (metástasis
o hepatocarcinoma).

Todos los tipos celulares presentes en el hígado pueden producir tumoraciones benignas. Los THSB se pueden clasificar, según el tipo de origen celular, en epitelial, mesenquimal y un grupo miscelánea5 (tabla 1). Para un diagnóstico correcto de los THSB es preciso realizar una exhaustiva historia clínica y una adecuada exploración abdominal; en cambio, los estudios analíticos (bioquímica hepática y marcadores
tumorales) suelen ser normales. La ecografía suele ser la prueba inicial, seguida posteriormente de una tomografía computarizada (TC). La resonancia magnética (RM) se ha convertido en un método diagnóstico clave en los THSB con un acierto diagnóstico cercano al 95%. La gammagrafía fue un pilar diagnóstico, pero está siendo sustituida por los métodos ya citados. La arteriografía está prácticamente en desuso. La biopsia percutánea suele estar contraindicada por el riesgo de sangrado, la escasa rentabilidad diagnóstica y la posibilidad
de diseminación tumoral. Pese a los avances diagnósticos, todavía hay algunos casos en los que no es factible realizar un diagnóstico de certeza.

La mayoría de los THSB, excepto el adenoma hepático, se pueden tratar de manera conservadora. Las indicaciones de cirugía para el resto de los THSB son: diagnóstico incierto con sospecha de malignidad, síntomas graves o progresivos debido al tamaño del tumor y aparición de complicaciones (hemorragia o rotura). La mayoría de estas
lesiones se puede extirpar sin margen de seguridad (enucleación), excepto en los adenomas. La mortalidad del tratamiento quirúrgico de los THSB no complicados debe ser < 1% y su morbilidad < 15%; es, por tanto, un tratamiento efectivo y seguro. Los THSB no recidivan y su exéresis supone habitualmente la desaparición de los síntomas. Su resección laparoscópica es factible, con excelentes resultados cuando no aparecen complicaciones, no son voluminosos (< 5 cm) o se encuentran en determinadas localizaciones (segmento lateral izquierdo y segmentos anteriores). El trasplante hepático como tratamiento de los THSB es una opción terapéutica excepcional.



Ser de lejanías (la prosa perfecta)




La diversidad de los senos femeninos, las variantes de su gracia, el susto dulce de su unanimidad. Bajo a la ciudad, entro en el mar de la multitud, con fiebre de criatura, y me alegra o desconcierta lo que tenía casi olvidado: esta variedad del fruto humano, los racimos de senos en la calle, en los grandes almacenes, en los espectáculos. El árbol de la vida tiene una abrumadora cargazón, este otoño de cristal y sangre me ofrece la hermosa y desvariante sementera de los senos, la gracia olvidada de los pechos jóvenes, la consabida pesantez de los pechos maduros, allí donde la mujer se rinde y entrega a la sombra. Senos beligerantes de las mujeres de ciudad, abandonados senos de las colegialas, la involuntaria y grácil obscenidad de una madre joven, la otoñada madrileña de los senos.

Un día, esa variedad fue mía, cantó entre mis manos, desvarió en mi deseo. Hoy lo miro todo sin renuncia ni urgencia, compruebo que la vida es pugnaz en el pecho de la mujer y que mis solitarias melancolías campesinas, o casi, nada valen, nada pueden contra esta alegre protesta de la vida que son unos pechos bien llevados.

En lo que antaño sólo vi una presa transeúnte y múltiple, hoy veo ante todo la obstinación optimista de la calle, que rompe contra blusas, contra sedas, contra miradas de hombre, contra el atardecer que quisiera rendirse. Miles, millones de pechos cantan su urgencia en la tarde e iluminarán en la noche, lámparas del vivir, voluntad de la especie contra la eterna sombra venidera. Luego, en la soledad de la memoria, recordaré la gracia diversa, armoniosa y dispar, la populosidad del mundo, la persistencia ingenua de los cuerpos, la generosidad multiplicada, dividida, de esos pechos que aletean en torno de la luz, grandes, pequeños, leves o lentísimos.




Lanza tu coche rojo y estréllalo en el viento, muramos en la llama verde de los crepúsculos, llévame hasta el final clamoroso del día y nuestras dobles vidas, nuestras dos juventudes, que reflorezcan lejos de nuestra biografía.

Vamos en la gran noche, pulsa tu coche rojo como el arpa de humo de un verano sangriento, que este motor se torne, con la velocidad, lírico como un potro en la noche de julio, y muramos a dos, juntos y separados, en la explosión callada del mundo y sus colores.

No quiero más hogueras, más cálices de fiesta, vamos con nuestra historia, cada uno sus traiciones, a matarnos despacio en sucesivas muertes, el sigilo homicida de la velocidad.

Lanza tu coche rojo y estréllalo en el tiempo, contra los farallones de la nada, acabemos de golpe con la farsa brillante de estar vivos por siempre en los saraos de sangre donde cenamos muerto.

Sabes lo que te digo, tú entiendes mi amargura, subamos a tu coche, esa llama de oro, volemos en la noche, toda seda y pecado, hasta el límite rojo, los altos farallones de la nada. Lo hemos vivido todo, hemos llorado muertos muy pequeños, hemos tenido amores, ahora somos muy viejos, qué coche funerario, velocísimo coche, para volar en julio al final de los meses, para volar en julio a la muerte sin fecha.

Lanza tu coche rojo y estréllalo en el viento, estréllalo en la brisa rizada del verano, estréllalo en el oro turquesa del estío. Qué final silencioso, qué gloria tan callada para nuestras dos vidas, para mi oculta fama, qué viento tan ligero, nocturno como un ave, volaría sin palabras sobre nuestros cadáveres.




Hoja de parra, otoño, candela del domingo, mi luz mientras escribo, hoja de bronce pálido, oro muy fatigado, y ese pétalo rojo, insinuado, insignia del domingo, ah parra en la ventana, residuo, manecita de niño, cuánto sol todavía -¿el sol es tiempo?-, ya son las doce y media, mediodía, renuncio a lo perpetuo, sólo me ilustran luces, luminosos azares escapadizos cielos.

Silencio. Cómo zumba el silencio en el silencio. Jardines en el sueño. Mientras escribo, insistente, niña, la hoja de parra o tiempo. Universo. ¿Dónde dejé mi cuerpo? Libros, revistas, fotos, todo lo que es fugaz. Afuera está el dinero. Es dinero de sol, de luz, de tiempo (de otro tiempo).

Afuera está el caudal de un domingo que pasa, lento como un trapero, llevándose las hojas del estanque, mi paso en el sendero, dejándose las llamas encendidas por todo el firmamento. Cómo hiere un domingo, cómo mata, quedo herido y perfecto. Salgo a respirar día, invierno venidero, salgo a la luz de una hoja tan dulcemente ardiendo. Ah miles de domingos, cuchillo del recuerdo.

Muero.





(Fragmentos extraídos de "Un ser de lejanías" de Francisco Umbral. Año 2001. 222 páginas. "Un ser de lejanías" semeja un diario interior tratado con procedimientos verbales cercanos a la intensidad, esencialidad, y gratuidad de la lirica. Es eso que suele calificarse como literatura pura.)


"El hombre es un ser de lejanías" (Martin Heidegger)




miércoles, 11 de febrero de 2009

Esta vez sí...


SÁBADO 14
BEBER PARA CONTARLO (Segunda Ronda)
"lenguaje lunar, sale del corazón y otras veces de los huevos,
en cualquier caso solo se trata de saber escuchar..."
RHAPSODY
ANANKE
CHACHAPÚ
HOZ
JOSEP
COURTNEY
KIKOMORAS
GUILLE
SANDRA
GSÚS
SILVI ORIÓN
KAÓTIKA
TAYLER DURDEN
Bukowski club
c/Sanvicente Ferrer nº25 / MADRID
21:30h



martes, 10 de febrero de 2009

Homenaje póstumo 11





Además de cultivar la tierra y la memoria,
es preciso cultivar el vacío:
el prometido hueco de los rostros,
la partición de las metáforas,
los patéticos apelativos de dios,
todo lugar donde cesó de haber algo,
todo lugar donde dejará de haber algo,
los pensamientos que alguna vez se pensaron,
los pensamientos que nunca se pensaron.

Y cultivar también preventivamente el vacío
allí donde se cultiva cualquier otra cosa,
como la sola y taciturna garantía
de no desviarse del surco.

Cultivar el vacío con las manos desnudas,
como el labrador más primitivo,
pero además cultivar el vacío con el mismo vacío,
con su inocencia última:
la ignorancia de ser.








Un salto desde las propias manos,
invirtiéndose uno mismo en su propio tobogán,
inventándolo como un pájaro muerto inventaría el aire
si volviese a su vuelo.
No esperar el trote ciego de la caída.
Crearla como si fuera un horizonte
o quizá el pasto crédulo de un animal invisible,
sabiendo que abajo es cualquier parte,
hasta el antiguo sitio donde un hombre sin nadie,
hasta sin él,
inventó el amor.

Un salto hacia las propias manos.








Descorrer las figuras que ilustran la mirada,
ajustar la tensión del pensamiento
y bajar la voz hasta el eclipse del fondo,
hasta encontrar las fibras que entretejen
el cuerpo del vacío.

Pasar del tronco a la rama,
de la rama al aire,
pasar del aire a la transparencia del tiempo,
pasar del tiempo a la nada.

Y recoger en cada movimiento
el polvo más liviano,
la espuma de la fugacidad,
la siega de los mares,
el neutro agobio de los cielos.

Y con manos de adelgazado alfarero
concentrar aún más lo que no existe,
lo que apenas existe
y los puntos suspensivos
de lo poco que existe,
para injertar la sombra de una forma
en la sed impensable de lo informe.








Romper también las palabras,
como si fueran coartadas ante el abismo
o cristales burlados
por una conspiración de la luz y la sombra.

Y hablar entonces con fragmentos,
hablar con pedazos de palabras,
ya que de poco o nada ha servido
hablar con las palabras enteras.

Reconquistar el olvidado balbuceo
que hacía juego en el origen con las cosas
y dejar que los pedazos se peguen después solos,
como se sueldan los huesos y las ruinas.

A veces lo roto precede a lo entero,
los trozos de algo son anteriores a algo.
El aprendizaje de la unidad
es aún más humilde e incierto
que lo que sospechamos.
La verdad es tan poco segura
como su negación.








(Roberto Juarroz)




viernes, 6 de febrero de 2009

Añorado verano


Queda oficialmente registrada como estrictamente propia la ya por no pocos demandada creación de una diminuta pero necesaria muestra del anhelado periodo estival empotrada artificialmente en el calendario estudiantil entre las fechas del último examen de febrero y la del primero de junio con las ya por muchos conocidas y estrambóticas características de ofrecérsenos ( y ofrecer senos por supuesto) especialmente propicia al radical abandono de la higiene personal, el desenfrenado deterioro reversible (fe) de las funciones cognitivas básicas, la pura evasión como fin único de ningún medio, y el olvido más absoluto de cualquier realidad desagradable o incluso indiferente. Todo ello envuelto por unas enrarecidas que no hostiles condiciones climatológicas, y la ya clásica y entrañable tendencia de acabar consiguiendo absolutamente todo lo que se nos antoje absurdamente delicioso con un presupuesto ridículamente ínfimo. A poder ser, además, desarrollándose susodicho delirio lúdico-festivo en un entorno geográfico anodino y cercano pero diferente al tristemente rutinario. Dejen que la aventura les posea. Buena suerte.

jueves, 5 de febrero de 2009

Dignidades ciegas



En una de esas grandes calles del centro.


Una anciana clava sus rodillas

sobre un cartón,

en el suelo.


Agacha su cabeza escondida tras un pañuelo

y muestra la palma sucia y vacía

de su mano derecha.


En una de esas grandes calles del centro.

Una anciana invisible.

Y sin superpoderes.


En una de esas grandes calles del centro.

Joder.

En una calle llena de gente

yendo y viniendo.

Y nadie parece darse cuenta de que


en realidad,


ella

nos humilla

a nosotros.





"Soy Chema y estoy andando. Estoy andando y soy Chema."




Desde el punto de vista neurológico el miedo es una forma común de organización del cerebro primario de los seres vivos, y esencialmente consiste en la activación de la amígdala, situada en el lóbulo temporal.


El mecanismo que desata el miedo se encuentra, tanto en personas como en animales, en el sistema límbico cerebral que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida y la evitación del dolor, y en general de todas las funciones de conservación del individuo y de la especie. Este sistema revisa de manera constante (incluso durante el sueño) toda la información que se recibe a través de los sentidos, y lo hace mediante la amígdala, que controla las emociones básicas, como el miedo o el afecto, y se encarga de localizar la fuente del peligro. Cuando la amígdala se activa se desencadena la sensación de miedo y ansiedad, y su respuesta puede ser la huida, la pelea, la rendición.. Recientemente se ha encontrado que la sensación de miedo está mediada por la producción en la amígdala cerebral de la hormona vasopresina (ADH, Anti Diuretic Hormon) mientras que la sensación contraria lo está a la de la hormona oxitocina, también en la amígdala. El etanol inhibe la producción de vasopresina. El miedo al daño físico provoca la misma reacción que el temor a un dolor psíquico.


La extirpación de la amígdala parece eliminar el miedo en animales, pero esto no sucede en humanos (que como mucho, cambian su personalidad, se vuelven más calmados), en los que el mecanismo del miedo y la agresividad es más complejo e interactúa con la corteza cerebral y otras partes del sistema límbico.

El miedo produce cambios fisiológicos inmediatos: se incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea. El sistema inmunológico se detiene (al igual que toda función no esencial), la sangre fluye a los músculos mayores (especialmente a los miembros infieriores, en preparación para la huida) y el corazón se acelera. Aumenta la secreción de neurotransmisores adrenérgicos (adrenalina). También se producen cambios faciales: agrandamiento de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la entrada de luz, la frente se arruga y los labios se estiran horizontalmente.


Como el sistema límbico fija su atención en el objeto amenazante, los lóbulos frontales (encargados de cambiar la atención consciente de una cosa a otra) se desactivan parcialmente. Durante un ataque de pánico la atención consciente queda fijada en el peligro, y si los síntomas fisiológicos como el ritmo cardíaco o la presión sanguínea son interpretados por el sujeto como una confirmación de la realidad de la amenaza se produce una retroalimentación del miedo, que impide una ponderación del auténtico riesgo.





(Figure with meat, 1954. Francis Bacon.)


El miedo Global (LGOR)



domingo, 1 de febrero de 2009

Insomnio, puzzle macabro



"...<> pensó Hélène, <<si le hablara de esto como si fuera cierto, como si realmente Juan hubiera estado aquí y yo le hubiera sonreído, si le dijera simplemente: Juan ha venido contigo a esta casa, o le dijera: Esta tarde maté a Juan en la clínica, o tal vez si le dijera: Ahora sé que la verdadera muñeca eres tú y no esa pequeña máquina ciega que duerme en una silla, y el que te ha enviado aquí, ha venido contigo, trayendo la muñeca bajo el brazo como yo he llevado tanto tiempo ese paquete con un cordel amarillo, si le dijera: Estaba desnudo y era tan joven y yo nunca había mirado unos hombros, un sexo, como si fueran otra cosa que unos hombros y un sexo, nunca había pensado que alguien pudiera parecerse tanto a Juan porque creo que nunca he sabido cómo era Juan, si le dijera: Te envidio, te envidio, envidio ese sueño de guijarro pulido que te ciñe, esa mano que has dejado venir hasta mi almohada, envidio que puedas irte de tu casa, pelearte con las escolopendras, ser virgen y estar tan viva para alguien que se te irá acercando por alguna calle del tiempo, temblar como una gota de agua al borde del futuro, ser tan húmeda, tan cogollo, tan gusanito inicial asomándose al sol. Si te lo dijera sin despertarte pero de alguna manera llegando hasta tu centro, si te murmurara en la oreja: Huye de los cátaros. Si pudiera quitarte un poco de tanta vida sin lastimarte, sin pentotal, si me fuera dado disponer de la perpetua mañana que te envuelve para llevarla hasta ese sótano donde hay gente llorando sin comprender, repetir el gesto y decir: Ahora voy a pincharlo, ahora no dolerá nada, y que él abriera los ojos y sintiera entrar en la vena un calor de regreso, de remisión, y yo pudiera volver a tenderme a tu lado sin que te dieras cuenta de que me había ido, de que Juan estaba ahí en la oscuridad, de que una lenta ceremonia incomprensible nos había acercado en la noche desde nuestras infinitas distancias, desde la tristeza de Juan, desde tu alegría de potranca, desde mis manos llenas de sal, pero quizá no, quizá ya no hubiera quedado sal entre mis dedos, quizá me hubiera salvado sin saberlo, desde un capricho de Tell, desde la muñeca que es Tell y es Juan y sobre todo eres tú, y entonces fuera posible dormir como estás durmiendo, como duerme la muñeca en la cama que le has hecho, y despertar más cerca de ti y de Juan y del mundo, en un comienzo de reconciliación o de olvido, aceptando que la leche pueda volcarse en el fuego sin escándalo, que los platos queden sucios hasta la noche, que se pueda vivir con una cama deshecha o con un hombre que abandona la ropa por todas partes y vacía la pipa en el pocillo del café. Ah, pero entonces ese muchacho no tendría que haber muerto así esta tarde, porqué primero él y después tú, porqué él antes y tú después. Creer que se pueden reordenar los factores, abolir esa muerte desde aquí, desde esta esperanza inútil del insomnio, qué estúpido engaño. No, Hélène, sé fiel a ti misma, hija mía, no hay remedio, ilusión de que esta hambre de vida que da una chiquilla y su muñeca puedan cambiar nada, los signos son claros, alguien muere primero, la vida y las muñecas llegan después inútilmente. Óyela respirar, oye ese otro mundo al que no accederás ya nunca, su sangre que no será la tuya; cuanto más cerca estás de ese muerto que se parecía a Juan, hubiera sido necesario otro orden, que él volviera del síncope para cumplir la promesa, su tímido <Hasta luego>, y entonces tal vez sí, tal vez la muñeca y la niña que ama el queso Babybel se hubieran dado en el orden necesario, y yo hubiera podido esperar a Juan, y todo lo que por un momento imagino de otra manera, esto que irónicamente hay que llamar nostalgia, hubiera cuajado en el arribo de la muñeca, en el verdadero mensaje de Juan, en la respiración de esta chiquilla feliz. Entonces, ¿no hay ruptura posible, tengo que seguir ese camino seco, otra vez sentiré el peso del paquete lastimándome los dedos? Háblame desde el sueño, Célia, desde este estúpido delirio complaciente, di la primera palabra, dime que estoy equivocada como tantas veces me lo han dicho todos y les he creído y he recaído apenas entraba aquí, o en mi oficio o en mi orgullo, dime que no es completamente inútil que Tell me haya enviado esa muñeca y que tú estés ahí a pesar de la muerte inaceptable bajo lámparas blancas. No me dormiré, no me dormiré en toda la noche, veré la primera raya del alba en esa ventana de tantos insomnios, sabré que nada ha cambiado, que no hay gracia. Huye de los cátaros, chiquilla, o sé capaz de arrancarme a tanto musgo. Pero duermes, ignoras tu fuerza, no sabrás cuánto pesa esa mano que abandonas en mi almohada, ignorarás hasta el fin que el torpe horror de esta tarde, que esa muerte bajo luces frías pudo ceder por un rato al calor de tu aliento, a esa playa de ti misma tendida en su arena asoleada, llamándome a su oleaje libre, sin rutinas ni rechazos. No te pierdas, no vayas a decir nada, déjame seguir oyendo el ir y venir de las pequeñas olas en tu playa, déjame pensar que si Juan estuviera aquí mirándome, algo que ya no sería yo misma saldría de una falsa interminable ausencia para tenderle los brazos. Sé que no es verdad, sé que son las quimeras de la noche pero no te muevas, Célia, déjame intentarlo otra vez, reordenar una despedida, una aguja clavándose en un brazo, un paquete postal, una mesa de Cluny, una envidia, una esperanza, y ahora esto otro, Célia, esto que es quizá otra manera de entender o de perderse del todo, no te muevas, Célia, espera todavía, espera, Célia, no vayas a moverte, a despertar, espera todavía.>>..."




Fragmento extraído de la novela "62, modelo para armar" de Julio Córtazar.
En la que desarrolla el proyecto expuesto por Morelli, su alter ego teorizante, en el capítulo 62 de Rayuela.




Fotografía coloreada "La Muñeca" 1949, de Hans Bellmer. Edición Filipacchi (Paris). Centro Georges Pompidou. Museo Nacional de Arte Moderno (Paris).