martes, 10 de abril de 2018

Fragmento profético de España de mierda, de Albert Pla

"-Pero la culpa de todo la tiene Isaak Westinhouse -prosiguió Quimi.
-¿Quién es Isaak Westinghouse?
-Fue un buen amigo mío, ingeniero de sonido y biólogo. Él fue quien desarrolló la teoría de los Borbones, un estudioso del poder de las letras, erudito del sistema bucal, sabio de las laringes. Sus estudios se iniciaron a partir de preguntas como: ¿Mueven igual el paladar y la lengua mientras hablan los alemanes que los chinos mandarines?, ¿la laringe de un francófono se ejercita del mismo modo que la de un mongol?, ¿es más flexible la lengua de un hombre que habla mucho en turco que la de una mujer que habla poco en danés?.
Raúl escuchaba atentamente, jamás había pensado en ese asunto. Quimi prosiguió:
-Pero ahora ya es demasiado tarde, el mal ya está hecho. Por culpa de Isaak, dentro de poco no quedará ni un catalán con vida. Todos morirán.
Quimi había conocido a Isaak hacía cinco años.
Claro que, cinco años atrás, Isaak aún no sabía que conseguiría eliminar de la faz de la Tierra a todos los catalanes.

Isaak Westinhouse, ciudadano alemán con residencia en Guatemala, hijo de madre polaca con abuelo ortodoxo ucraniano y abuela pakistaní, había consumado el genocidio.
Porque un año antes, la infección ya se había extendido entre todas las gargantas de los catalanohablantes.
Porque un año y medio antes se había aplicado el virus a todas las gargantas a lo largo y ancho de cataluña.
Porque dos años antes, los bombardeos constantes a las principales ciudades del país no habían surtido ningún efecto.
Porque dos años y medio antes, las tropas del ejército de los Estados Unidos desembarcaron en las costas del Garraf para invadir el país y derrocar a su presidente en nombre de las Naciones Unidas.
Porque tres años antes, la ONU había decidido apoyar al Ejército español en su intento de defenderse de Cataluña.
Porque tres años y medio antes los catalanes habían declarado la independencia de Cataluña.
Porque cuatro años antes los catalanes no sabían que Isaak Westinhouse ya había inventado una bacteria que provocaba una infección de garganta irreversible al hablar la lengua Catalana.
Porque cuatro años y medio antes, Isaak Westinhouse ya había conseguido descubrir un virus que se alimentaba de las cuerdas vocales en relación con los movimientos de la lengua, paladar y mandíbula, en cuanto tu boca se pusiera en disposición y posición de hablar esa lengua latina ya perdida para siempre.
Porque, cinco años antes, Isaak Westinhouse aún no sabía que iba a inventar una enfermedad infecciosa que acabaría con los catalanes.

No voy a decir que la totalidad de los miembros de las Naciones Unidas se sintieran satisfechos con la muerte de todos los catalanes, pero si la muerte de unos pocos millones de catalanes servía para salvar las vidas y la libertad de muchas personas en el mundo, valía la pena.
Se había evitado una guerra.
Así pensaba hoy en día Isaak Westinhouse.
Y a Quimi eso le entristecía profundamente.
Raúl se dio cuenta enseguida. Tito se había despertado e intentó arreglar el asunto de una manera radical.
-Esto se arregla fácilmente: dejad de hablar el catalán y...¡solucionado!
-Es una cuestión de principios -contestó Quimi, que ya parecía saber de antemano lo que diría Tito. Continuó-: Hay dos maneras de sobrevivir, callando o hablando el castellano. Yo preferí tomar voto de silencio y retirarme a Montserrat. Pero, aun así, ya es demasiado tarde, la gente está perdida, tenemos el mal dentro, tarde o temprano se desarrollará; podriamos evitarlo hablando otros idiomas, pero la mayoría de los catalanes prefieren morir antes que hablar el castellano."

(fragmento de la novela lisérgica de furgoneta y rock "España de mierda", de Albert Pla. Y sí, Quimi es Portet, ex-Último de la fila. Y sí, la primera edición se publicó en noviembre de 2015, casi 2 años antes de la (no) celebración del referendum catalán del 1 de octubre de 2017 y la sucesión de acontecimientos posteriores que aún pueden hacer realidad la ficción distópica de la novela. Leer para creer, amigos. Ficción pesimista para evadirse, o prepararse, de o contra, una realidad peor. O reirse de todo ello. La novela divierte por alguna escena disparatada y absurda o asusta un poco, también, por no tan imposible. Recomiendo todavía más la entrevista a Albert Pla en carne cruda, dejo el podcast: http://www.bifmradio.com/radio/carne-cruda/311-pla/)

domingo, 25 de marzo de 2018

Propios y extraños, un poema (para un año) de Benjamín Prado

"PROPIOS Y EXTRAÑOS


Lo dice todo el mundo: ya no soy el que era.
Me llamo como el otro,
uso su ropa,
vivo en su casa y firmo lo que escribe;
pero el resto es distinto,
tiene razón la gente.

El hombre que creía
que nada más que el miedo consigue que las cosas
parezcan lo que son;
el hombre al que admiraban igual que a los delfines
que escoltan a los barcos sin saber dónde van;

el que colmó su sed
como quien bebe el agua de un vaso donde hubo
unas rosas cortadas;
o el que aún no sabía
que resulta imposible ser uno mismo a solas;
ése, ya no soy yo.

El hombre en cuya mano estaba escrito:
-No hay vida más vacía que una tumba sin flores.

El que no sospechaba
que ser independiente
es poder elegir
a quién necesitar.

El hombre con dos caras que jamás era él mismo.
El hombre que quería estar solo y no pudo
porque ya no quedaba sitio en la soledad.

El hombre que pasaba de largo por los otros.
El hombre que no supo
que el silencio no estaba nada más que en su oído.
El que ya no creía.
El que no te esperaba...

Pregúntale a cualquiera. Lo dice todo el mundo:
-Ya no eres ni la sombra del que fuiste,
desde que esa mujer está a tu lado."


Benjamín Prado


sábado, 3 de marzo de 2018

Paseo por Harlem, un poema de Adonis

"1

Un viernes de enero de 1997, el día ya había soltado todos 
sus peces, como solía, para que pudieras perseguirlos:
nadar en un océano de dolor. El sol había despertado,
pero aún no había abandonado el lecho. Allí permanecía 
medio dormido, bostezando y estirándose, luchando con
la frialdad, contra el ejército del frío.
...Desierto lleno de aves rapaces, en cuyo cuerpo sin alas
una fina pelusa ocupaba el lugar de las plumas.
¿Cómo persuadir a mis pestañas
de que han de acostumbrarse a este polvo humano
ensordecedor?
Necesitas rodillas de fuego:
serán tus testigos las piezas de caza acosadas,
las señales maravillosas.

Tiempo:
en sus cables oscilan los cuerpos,
en sus plazas bailan los cuerpos.
Mas pareciera que el tiempo mismo
oscilara solo, 
bailara solo. 

Oscuros cielos
que acumulan nubes,
almacenan truenos.

Hierbas de la ira
más altas
que las cúpulas de las iglesias
y las torres de los rascacielos.

Ventana:
flauta rota. 

Sospechaba que aquel plano de la ciudad acabaría cercándome,
adondequiera que me encaminara:
*Más te vale, guardián celeste,
limpiar de telarañas tu memoria.
*Paz familiar es la cama.
*Tus ideas sobre la materia 
en la nebulosa de estatuas y monumentos
son alabanzas del vacío. 
*La química de la soledad
destila muchedumbre.
*Pon el cielo al fuego
en un gran caldero.
*No alcanzarás la rectitud
sino en la medida que te tuerzas.
*No combatas más que a ti mismo:
en la tierra hay especio para todos,
aunque el poder sea la primera de las bestias.
*Escoge bien el sitio para pescar.
Después, ruega al cielo
al echar la red.
*¿Pero, quién eres?
Tengo muchos nombres,
pero no sé quién soy.

La música gospel
se abraza al cuerpo del cielo
y al cuerpo de la tierra
en ritmos que alumbran los candiles de la infancia.

Pan musical
es el Mesías.

Harlem,
guitarra de la luna naciente.

Hamilton Terrace:
Pasa una mujer negra
que pronuncia palabras de luz.
Otra mujer
despierta en sus labios besos dormidos.
Tercera mujer:
noche de ébano. 

Historia:
luces que acarician el cuerpo de los edificios.
El pasado colorea las farolas.

Baja la cabeza, George Washington,
no sea que choque con las heridas del techo.

¿En verdad se ocultan
relámpagos rojos bajo la piel negra? 

George Washington:
sólo el viento
equilibra las montañas. 

Soul food:
Despierta a tu infancia
y aprenderás a comer
de la mano de la música.

Duke Ellington, Paul Robeson:
otro mapa
para la rosa de los vientos. 

Sugar Hill:
escuadrones de colores 
en el cuartel de las pasiones.
Caballos que emigran a colinas soñadas. 

125th Street,
por donde deambulan espectros
que llevan el brazo de la historia bajo el sobaco:
estaturas
más altas que las paredes de las casas.

Teatro Apolo,
escenario donde se mezcla la gente con las estrellas,
telón que recita el elenco de actores. 

Harlem,
en las falanges de la mano negra
nache la mano del pervenir.
Caminos que se perfilan.
Mi primer relato del futuro
versará sobre ti. 


2

Sed negra sobre la tierra: 
entre ella y la infinitud del aguda,
sólo un hilo blanco. 

¿Por qué, vieja hoz,
nuestra taberna es tu cosecha?

Redes de pesca:
Pesca del espacio, a veces.
A veces, pesca de hombres.

Harlem,
mercados
que promueven el tráfico de nubes. 

Este tiempo es de ceniza
-dice Harlem-
pero yo sólo aprenderé de la llama. 

Selva es mi cuerpo
-dice Harlem-
montes mis días.
¿Cómo no vestir de viento?

Harlem,
Louis Armstrong sube,
gemido a gemido, 
de la garganta del aire.
Sin duda,
un clarinete ligero en labios de la vida
puede desmentir a los tambores del silencio
en los que redobla la muerte.

Harlem,
las cosas hablan contigo
desde sus escombros.
Y tus cafés son pechos secretos de mujer.

El tiempo y la negritud
han comenzado a unir sus pasos. 
Harlem, 
cuida ese ritmo,
cultívalo. 

(Nueva York, 4 de enero de 1997)"


Poema de Adonis extraído de Epitafio para Nueva York, traducción de Federico Arbós, editado por Nordica libros. 

domingo, 4 de febrero de 2018

M-113, arqueología antiurbana (retama y óxido)







Existe un lugar remoto bajo el sol frío que lo incendia y olvida.
En mitad de esa nada sin viento, un estandarte de chapa y sueño,
erguido contra el cielo todo
orgullo y abandono.

Vestigio de una abundancia sólo prometida, crucifixión
de hierro tumba abierta de hierba
seca, cerca de alguna carretera
secundaria hacia lejos del tiempo.

Taxidermia esteparia de un windsurf telúrico contra el futuro.
"Terrenos adquiridos para la próxima construcción de viviendas unifamiliares bajos con jardin áticos locales comerciales zonas comunes". Cruje
el peso de la ausencia, nunca
pisadas de nadie.
Letras y letras desteñidas significando...







...en ciertas tierras sólo la erosión perdura.

domingo, 28 de enero de 2018

Sauvage

Yo aceleraba al final de una curva de la M-604. La luna resplandecía fuegos blancos de nieve sucia entre los matorrales de ambas cunetas. Había reparado en la cura de humildad necesaria para el hombre postmoderno e hipertecnológico que debía ser morir accidentado en mitad de una montaña y un invierno a los que decidió asomarse por puro ocio imprudente. Tú algo antes bromeaste comentando que tú cine era el hispanoargentino con extra de conciencia social y dulce de leche, que tu música para despertarte era francesa y con luz natural. Parecieran haber pasado siglos hasta este momento en que también conduzco, recuerdo todo esto y salta en el orden aleatorio de una lista de Spotify elaborada por mi hermano Nature sauvage de Keny Arkana.

domingo, 14 de enero de 2018

Poemas de Feliz Francisco Casanova, ese maldito Rimbaud canario

"CUARTO DE ALQUILER

Oler en el corredor
vieja colonia derramada
por una mujer, el olébano
que cosquilleó
la nariz de un moribundo
en su última hora
y esa risa lejana
de una parto feliz,
me exilian de estas paredes,
me susurran que yo no vivo aquí.

(3-5-74)"


"SI NOS DESTROZAMOS EN UNA PESADILLA
que no tenga pies ni cabeza
y con el corazón rebotando sobre laspiedras
me obligas a llorar por ti,
a recoger las vísceras que dejas por el camino,
es entonces cuando me echo a dormir,
a tomarte en algún sueño,
pero surge otra pesadilla
que tiene pies y cabeza,
algo así como la vida,
y es ahí donde acabas
de destrozarme.

(10-5-74)"


"EJARBE

Los animales arrastran sus lenguas
guiados por el olor de la riada
y su aliento perdura en las flores.
El amante se yergue
y en su torso se dibuja otro cuerpo,
al igual que el río se desborda
tras laslluvias
su memoria rompe el dique
del pasado.

(25-5-74; 7 tarde)"


"LA MEDIA NOCHE CAE COMO UN PÁJARO
herido de sueño,
con tedio pasas la hoja
y el poema sigue su curso
como un río sin fin,
te dilata y reduce los ojos
te enfurece y amansa
y mientras la madera acaba de arder
el sopor llega con el alba.

(31-5-74)"


(poemas extraídos de la antología poética Cuarenta contra el agua, de Feliz Francisco Casanova, seleccionados por Francisco Javier Irazoki y publicados por la editorial Demipage en 2010, adquirida una copia por mi compañero de piso entre 2014 y 2016, olvidada en la estanteria de nuestro salón en 2017 y llegada a mis manos y mis ojos estas últimas semanas, meritorios de acabar en este blog esta noche de principios de 2018, a saber adónde más llegarán, 44 años después de la trágica desaparición de su autor)

miércoles, 3 de enero de 2018

Happy New Year. de J. Cortázar

"Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres."


(poema Happy New Year, de Julio Cortázar)




sábado, 23 de diciembre de 2017

Completamente sábado

“MADRID

Para Ángel, Benjamin, Chus y Joauín,
Poetas líricos.

Agua limpia, Madrid, para tus ojos limpios,
Mientras que te despiertan los trenes y los pájaros.
Tienen prisa los días cuando buscan contigo
La ropa de los lunes en la estación de Atocha
Y el mar de los veranos en las flores deplástico.

Cielos limpios, Madrid, para tu sol de invierno.
Yo me como las eses, pero me siento tuyo,
Y soy azul sin nubes igual que los plurales,
Igual que el viento sur sobre las carreteras,
Como la cortesía de la palabra mundo,

Barra libre, Madrid, para el desconocido
Que duerme en la mañana y conspira en la noche.
Y bienaventurados los que temen al campo,
Los que viajan en metro, los que paran un taxi,
Los que nuca se pierden en La Paz del desorden. 

Los últimos amigos han cerrado la puerta.
Buenas noches, Madrid, otro whissky con hielo.
Agradezco tus ascuas a los pies del balcón.
Brindemos por La Luz rota de las estrellas
Que hace guardia en las casas a través de los sueños.”



“MEMORIA DE LA FELICIDAD 
(PLAYA DE ROTA)

A Silvia y Felipe

No es injusta la vida
Por estar condenada a cambiarme despacio
Como yo te desnudo.

Si no fuese una pobre amistad temblorosa,
Un íntimo abordaje,
El tiempo debería permanecer callado
Y detállanos de la puerta 
Para guardar así
La verdad de tu piel y La Luz de la tarde.

Desde el jardín, a voces,
Los amigos nos piden que bajemos.
Quieren ir hasta el pueblo por la playa.

A las olas que llegan
No les faltan misterios que poner a tus pies,
Ni arena que borrar entre tus pasos.
Mi libertad, que todo lo padece
Y navega entre unas posesivas,
Al verte caminar va comprendiendo
Que si tú te quedases
Así, tal como eres,
Salvada de las horas,
Con tu cabello negro, y con tus ojos,
Y con la fe de la madera limpia
Que flota en tu mirada,
Yo me iría alejando de ti,
Cada vez más hundido
como una luz se aleja por el mal
De una verdad robada por el tiempo.

La vida no es injusta,
Aunque esté cornada a cambiarte despacio
Como yo te desnudo.

Vente conmigo al frío del invierno.
Deja que todo pase
Como pasa una mano por la piel,
Como corre la lluvia
Por el cristal de un dormitorio.
Allí se puede ser feliz. Incluso
Volveremos un dia,
Descalzos y abrazados en la niebla,
A caminar por esta laya
Cuando seamos viento.”


(Poemas de Luis García Montero, extraídos de la antología Aunque tú no lo sepas, publicada por Visor a raíz de la grabación del documental con el mismo nombre)

viernes, 22 de diciembre de 2017

Insomnio, poema de Rafael Correcher

Sarajevo, invierno de 2012

“Nunca conseguiré olvidar
Lo que pasó.

Fueron soltándose
Una a una
Las cuerdas de tu piano
Mientras el fuego las mordía.

De fondo la ciudad,
La lluvia y ese reflejo del incendio
En los cristales rojos del autobús.

Entonces recordé
Cuando era niño
Y en el bosque jugábamos
Hasta la madrugada,
Las brasas,
Los pies descalzos
Sobre la tierra.


Ahora hace frío
Y ya oscurece;
Un pájaro
Se refugió en la cañería.

Dame alguna palabra
En la que pueda descansar.

Estoy aquí.

El tiempo se quebró como una rama.”


(Insomnio, poema de Rafael Correcher. Incluido en la antología “En legítima densa, poetas en tiempos de crisis” de Bartleby Editores)


domingo, 26 de noviembre de 2017

Protocolo para episodios de alta contaminación, nivel 4

Bostezo y sueñan mis alveolos con todo el dióxido de nitrógeno sobre el Madrid que nos separa.

jueves, 19 de octubre de 2017

Los baños de la Fnac

Despedirse de una ausencia, cómo.

Masturbarse en los baños de la Fnac.
Madrid es ya eso. Tragar
por los ojos
todo el asfalto,
sangre y cristales rotos
de una M-30 vacía.
Respirar quizá
el ocaso ebrio de un jueves de octubre
desde algún descampado. Meterse
en los pulmones guijarros, un río entero
seco de (pánico a la fluidez de los días)
tanto dolor y whisky rotos
vomitados contra su fondo,
bengala de auxilio invertida
en mitad de este desierto industrial y turístico.

Porque existe sólo
como fondo de desidia que recorta tu silueta.

Madrid es ya eso. Y no una ciudad que nos viviera desde la boca.
A la que volver de resaca los domingos,
por si en mitad del atasco, escribieras. No.
Sólo una costra semiesférica de polución protegiendo
automóviles Cavify, bicicletas de reparto Deliveroo,
esclavos y ejércitos
de trolleys nórdicas buscando en Google maps
su piso Airbnb. La aceras que el fin del verano no arañan.
La mirada cuerda de los mendigos.
Y no sé qué más.

Esta ciudad (antidisturbios y publicidad
de prostitucion en los limpiaparabrisas de los coches aparcados)
se repliega como cerrándose un libro
que te ha vencido, se va
escurriendo por sus alcantarillas todo el sentido
que tuvo.

Mi mejor amiga se ha marchado.
La chica que quiero no se va
(te vas) a quedar.

La ausencia de gorriones en los parques de tu infancia.

Madrid es ya eso y yo me pregunto
cuál de los otros que ya soy me justificará lejos.


viernes, 13 de octubre de 2017

retamas silbantes

Qué raro es conducir justo ahora por la M-50 hacia casa de mis padres.
Entre las retamas silbantes de sus cunetas. Cuando deja de llover, bajo esta luz indecible. Intemporal y remota. Qué extraño este cielo nublado y eléctrico, panel retroiluminado de atardecer, roto de miedo. Troquelando un horizonte todo de vallas publicitarias: Fortecortin y silencio.
Hundo el pie en el acelerador. Atravesando como un disparo de gasolina y cuero ese aire quebrado que envuelve a las cosas olvidadas del extrarradio.
Qué raro conducir por la M-50, hacia casa de mis padres, entre semana, sin retenciones por tráfico lento ni radares móviles. El dolor a punta de dedo en el ángulo muerto del retrovisor de Dios (desempleado de larga duración, a 140 y en sentido contrario). Subiendo el volumen de la radio para sacar de mi cabeza por un segundo esta sensación de tragedia familiar esperada, mal disimulada hace tan solo unos minutos por teléfono. Por qué. Para qué. Acelerar (una vida) apagándose.

jueves, 12 de octubre de 2017

ropa interior cara

Dejar sonar la alarma del teléfono hasta que la batería se agote. Caminar descalzo por la tarima tibia, memoria velada de algún verano. Sujetar entre los labios el último cigarro de una cajetilla olvidada en tu salón. Salir al balcón, respirar una lluvia sucia que nada arrastre, el silencio cómplice de los muebles mal encolados, esta luz débil filtrándose entre nubes y parabólicas, no reflejada en los ojos de nadie.
Adivinar el rumor insoportable de una actualidad lejana y absurda. Renunciar a ella. Despreciarla.
Poner al fuego una cafetera, inclinarse sobre el quemador de gas, para encender aquel cigarrillo seco, casi una reverencia anacrónica de olor y sueño. Ya sabéis, todo esto.
Despertar de una siesta profunda puede ser estético e inútil. Como publicidad de ropa interior cara. Como una tristeza irracional y súbita.

viernes, 2 de junio de 2017

La malcasada, de Luis Alberto de Cuenca


"Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que solo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
pintate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren."

[El otro sueño, Sevilla, Renacimiento, 1987]

martes, 30 de mayo de 2017

Cómo dejar de escribir, de Esther García Llovet


"Soñé que nadie se muere la víspera.
Qué de puta madre sonaban las frases de mi padre, sonaban a verdad, a realidad pura y transparente, o, mejor aún, hacían que la realidad quisiera parecerse a ellas."

...

"Claudia era ese tipo de mujer que en las fiestas se sienta al borde del sofá, sin llegar a quitarse el abrigo, siempre lista para dar malas noticias. Claudia había llegado tarde, cuando ya todo el mundo se estaba marchando, con una bolsa de canapés de Mallorca y un vino argentino que traía muy bien agarrado por el cuello. Yo estaba en la cocina. La dueña, la Silvestre, me había invitado hacía un rato al verme pasar por delante de su casa, desde la ventana alta del salón. Yo creo que la fiesta estaba resultando tan lacia que me había invitado sólo por tener a alguien nuevo que enseñar. Todos estaban razonablemente borrachos, un borrachera que parecía costumbre y que ya no sorprendía ni a los pequeños gemelos Silvestre, que andaban por ahí. Una borrachera de viernes por la tarde. Estaban borrachos pero se dieron cuenta en seguida de que yo no tenía nada de que hablar, nada de que hablar con ellos al menos, y me fui a la cocina para echar una mano. En la cocina había una filipina minúscula cascando una pila de nueces y fumando como una chimenea. Tenía esa cara plana de los asiáticos, como si se la estampara contra el suelo al levantarse por las mañanas. Me señaló un bol enorme de arroz hervido y tres tubos de pasta de anchoa y entendí que tenía que mezclar todo eso. Era lista, la filipina. Empecé a mezclarlo todo con un tenedor de plástico, esa comida de gato o e refugiado, cuando oí una voz.
- Hola.
Era Claudia. Estaba apoyada en el marco de la puerta, con la bolsa de Mallorca, las gafas de sol recogiéndole el pelo en la coronilla.
- Me llamo Claudia. Claudia Cardone. -Me tendió la mano. Como una agente inmobiliaria.
- Renfo. -Le tendí mi mano abierta. Estaba manchada de pasta de anchoa y al estrecharla se manchó ella también. La retiré enseguida, disculpándome. Ella se miró la mano. Sonrió. Y entonces se llevó el dedo a la boca, el pulgar sucio, y lo chupó. Así es. Mirando al suelo como si no fuera con ella pero dando una larga y sonora chupada a su dedo manicurado. Cuando levantó la vista miró a la filipina, le dijo algo en tagalo y las dos se echaron a reír, la filipina con una carcajada grave y ronca. Igual era un filipino.
Claudia se dio la vuelta y se largó al salón, sin mirarme, dejando en la mesa la bolsa de Mallorca y el vino. Yo me había quedado de piedra. Seguí con el arroz.
- Don´t be a jerk -me soltó la filipina al cabo de unos minutos. Es decir, no seas un niñato, no seas un gilipollas, no seas un maldito pendejo. Todo lo que yo era entonces. Cuando me decidí a ir al salón Claudia se había marchado ya"

...

"-Aquí - me contestó-. En mi coche. Qué pasa.
- ¿En tu coche?
Me miró de frente. Llevaba la ropa arrugada y probablemente no se había duchado en una semana. Por lo demás, estaba fresco como una colegiala.
- Este coche es mío. Es el primero que me compré, feo como eran feos los coches de antes, aunque ahora pagarían una pasta por él. La gente compra cosas viejas pensando que son antiguas cuando sólo son usadas, no sé. La gente es gilipollas. En cambios a los viejos no nos quiere nadie.
- Pero si este coche se lo robaron a mi padre. Me lo dijo la policía.
- Porque se lo regalé cuando cumplió los dieciocho. Se lo regalé para que saliera de casa y viera el mundo. 'Échate a la calle, sal ahí fuera y diviértete aunque sólo encuentres miseria y vuelvas lleno de asco o de pena. La pena puede ser divertida también', eso le dije. Pero no lo hizo. Prefirió encerrarse en su cuarto a escribir novelas, esos novelones de cien mil páginas, la Biblia en pentámero yámbico. Ahí sí había pena, ves. Pero aquí -señaló con el dedo la calle, la señalización de Prohibido el Paso, el cartel de Cerrado de El Chigre-, nada de nada. Escribir, eso sí. Escribir y escribir y escribir. La puta literatura. Qué aburridos, qué estreñidos, la verdad. Qué poca sangre, los escritores. No te fíes de nadie que tiene la misma cara borracho que sobrio, Renfo. 'Si sales de la pena saldrás de cualquier cosa', eso le dije. De cualquier cosa. Dímelo a mí."

(fragmentos de la novela Cómo dejar de escribir, de Esther García Llovet)