miércoles, 12 de diciembre de 2018

fragmentos de Ordesa, de Manuel Vilas

"Llevo ya mucho tiempo sin beber.
Creí que no lo conseguiría, pero lo he conseguido. Hay ocasiones en que me apetece muchísimo tomarme una cerveza, una copa de vino blanco muy frío. La bebida me estaba matando, iba a ella de forma compulsiva, buscando el fin. Reaccioné. Ahora sigo sufriendo, pero no bebo.

Bebí muchísimo. Tuve dos ingresos hospitalarios. Me caía en mitad de la calle y venía la policía.
Todo alcohólico llega al momento en que debe elegir entre seguir bebiendo o seguir viviendo. Una especie de elección ortográfica: o te quedas con las bes o con las uves. Y resulta que acabas amando mucho a tu propia vida, por lo insípida y miserable que sea. Hay otros que no, que no salen, que mueren. Quien ha bebido mucho sabe que el alcohol es una herramienta que rompe el candado del mundo. Acabas viéndolo todo mejor, si luego sabes salir de allí, claro.
Beber era más importante que vivir, era el paraíso.
Beber mejoraba el mundo, y eso siempre será así.

(...)

Cuando no bebes, los días son más largos, los pensamientos pesan más, los lugares se fortalecen, no olvidas nada en las habitaciones de los hoteles, no rayas el coche, no rompes los retrovisores cuando aparcas, no se te cae el móvil en la taza del váter, no confundes los rostros de la gente."

jueves, 22 de noviembre de 2018

Retrato, un poema de Manuel Vilas

"De cabeza grande, hermanada con el sol.
De manos abiertas, como el firmamento.

Elegante y anticuado,
coronel de arterias
y falanges decepcionadas.

Piel enrojecida y pelo blanco siempre.

Nunca fue nadie y nada tuvo,
ni poder ni dinero.

Tuvo un coche viejo, que ya murió.

Medía un metro ochenta.

Vivió como si no existiese España,
la Historia y el Mundo.

Como si no existiese el Mal.

Le gustaban los pueblos tranquilos de Huesca
y las montañas serenas.

Antes de convertirse
en un ser humano llamado Vilas
fue un silencio cósmico.

Antes de convertirse
en el hombre más alto de mi infancia
fue un desconocido.

Dueño de nuestra verdad, se la llevó muy lejos.

Los muertos esperan nuestra muerte si algo esperan.

Brindo por tu misterio."


(poema bellísimo, incluido como parte del Epílogo del magnánimo Ordesa, de Manuel Vilas)

martes, 6 de noviembre de 2018

desde un palomar


No echaré de menos el rodar incensante de las maletas sobre el adoquinado. Voy a echar de menos ver partidos de baloncesto televisados en la Mina con olor a gambas a la plancha. Los versos de Batania a eding negro sobre los cubos de basura en la acera, frente a cada portal de mi calle, mientras se inauguraba el día y me dirigía al trabajo, eso sí lo voy a echar de menos. No echaré de menos los narcopisos, el Carrefour abierto veinticuatro-siete, los desahucios de ancianos y enfermos. Voy a echar de menos el Café Quino, que después se llamó Dr. Steam. La filmoteca (cines Doré), los conciertos en Tabacalera las tardes de domingo y lluvia. Los futbolines en la Revuelta tras las manifestaciones de la marea blanca durante nuestra huelga sanitaria. Aquel solar de la plaza en que se construía vecindad y ahora es un flamante hotel de compañía multinacional y una conocida hamburguesería de franquicia. No voy a echar de menos los regueros de orina seca atravesando las baldosas del cruce de Ave María con calle Esperanza, las estridentes despedidas de soltera, las escaleras del teatro Valle-Inclán tapizadas de yonkilatas los sábados por la mañana. Voy a echar de menos la música en la calle, desde mi balcón luminoso, los olores a cuero y a curry. Volver en bici de la Casa de Campo, sudado y contento y saludar a los perros de mi vecina. La tienda de discos Bajo el Volcán, la panadería de Moha. La peluquería tradicional Mj estilistas, a la que empecé a ir con Rodri, cuando nos mudamos. La pollería de calle Valencia donde trabajaba la madre de Ainhoa, la chica que conocí en el gimnasio de Doctor Fourquet, que ya también ha cerrado. Las noches de fiesta que pasamos juntos todos los que ya nos hemos ido a vivir a otra parte (quizá también a vivir otra parte, de algo). Frente al Juglar y el Chiscón, apoyados en los coches aparcados, tomando el frío a la luz de las farolas, en la plaza de Ministriles (Xosé Tarrío), en las escaleras de la plaza de las escuelas Pías (Agustín Lara-Arturo Barea). Aquellas noches vertiginosas y desenfocadas que no acababan nunca. En que todo lo que podía pasar nos pasaba.


Este es mi quinto alquiler desde que dejara la casa de mis padres hace más de 6 años. Calle Pedro Unanúe, Calle Tarragona, Ronda de Valencia, Calle Ave María, y ahora ésta. Y va a ser la primera vez que viva solo. En Barcelona y Compostela no duré ni 3 meses, fueron más unas vacaciones trabajando que un intento de hogar. Ahora mi domicilio está en el cuarto piso sin ascensor de una corrala pendiente de reformar y más alejada del centro. Abro el portal y huele al detergente húmedo de la ropa tendida, también un poco a marihuana fresca, casi a los guisos de las cocinas exóticas de mis vecinos de países lejanos. Subo las escaleras empinadas de madera vieja y cruje hundiéndose unos milimétros cada escalón bajo mis pasos. Al menos viven aquí una familia numerosa de Bangladesh, una joven pareja oriental (por sus rostros no sé ubicar geográficamente su origen con más precisión) y un tipo español ya entrado en la cuarentena, fascinado, supongo, por la música electrónica. Quizá con secuelas neurológicas de la tardía resonancia que tuvo en Madrid la ruta del bakalao valenciana hace casi 20 años. Veo pegatinas de la discoteca Radical adheridas a su puerta y su nostalgia me produce ternura. También vive aquí, junto a su perro, un molesto pastor belga, la presidenta de la comunidad, una robusta mujer con un extraordinario parecido físico a la temible profesora Tronchatoro, directora de la escuela de Matilda. Y mi vecina más próxima, que sólo oigo pero nunca he visto, y cuyo felpudo reza: "hoy no duermo sola".

No sabes lo que aprecias un objeto material hasta que no lo salvas de la quema de recuerdos que es una mudanza. Hasta aquí me han acompañado un viejo molinillo de café robado, una caricatura monstruosa de mi rostro dibujada por Chema, una (Julio Cor-) taza de desayuno, regalo literario y guasón de Sol (que me descubrió así Blogger de Niro) y el póster en papel pluma que me regaló Alfonso, aquella Oda a los viernes, queridísimo fragmento de Héroes de Ray Loriga. También una chapa de Aleatorio, el bar de Escandar, y otra del grupo de música Talco, recuerdo de su concierto en el festival Shikillo de Candeleda. La bufanda del estudiantes que compré con Ángel. El tronquito barnizado que nos regalaron los chicos del campa de Marina en el que cocinamos aquel verano. El mismo felpudo que regalé a Elenita y cruzó el atlántico hasta su puerta, protege también la mía. Me recuerda a diario que la distancia nos acerca, que todos somos nómadas y olvidarlo una moda.


Es tan pequeño y encaramado, que al visitarlo mi amigo Pablo, nunca desprovisto de ingenio y maldad, disfrutó definiendolo como "un palomar". Y así quedó cariñosamente bautizado hasta hoy. Estoy cómodo aquí, después de invertir trabajo y tiempo, de una incansable tozudez y bastante ayuda. De sudor a pesar de ventiladores, de manchas de pintura plástica en el pelo, de mis cuádriceps agotados subiendo cajas a pulso por la escalera empinada, siento ahora este espacio como mío. Una especie de lenta conquista del inmueble desafortunado e impersonal que era, por la identidad voluntariosa que ahora soy, por simplemente lo que vivo y cómo, porque lo voy a vivir aquí, y saberlo me basta.

Aun así, no puedo evitar identificarme una cierta, confundida tristeza por haber dejado Lavapiés. Supongo que simplemente fui feliz allí. Pasaron cosas disparatadas de las que aprendí sin parar de reírme, golpes de suerte que aun celebro y también unos pocos golpes bajos que ya no duelen. El hedonismo salvaje y el nihilismo convencido que paseé por esas calles, a menudo borracho y rodeado de chicas bonitas y buenos amigos. No quiero reconocer que en realidad marcharme de allí simboliza para mí el final irreversible de una etapa de juventud rabiosa en que estuve perdido pero furiosamente vivo. Y gratamente acompañado. 

https://www.youtube.com/watch?v=23qqYzjP3lc

domingo, 14 de octubre de 2018

fin del verano




Ordesa, de Manuel Vilas

"Un día del verano del año 2003 los médicos quisieron hablar con mi madre y conmigo. No querían que mi padre estuviese presente.


El médico nos señaló dos sillas para que nos sentáramos. No dijo a bocajarro que mi padre tenía cáncer de colon de muy mal aspecto, y que nos fuéramos haciendo a la idea. Era un oncólogo a quien se le notaba bastante que tenía ensayados esos momentos, los momentos de la transmisión de la idea de la muerte que se acerca, los momentos de la devastación. Me impresionó esa actitud, porque de alguna forma ese hombre estaba disfrutando, no de manera inmoral, y no porque le diera placer la transmisión de la contundencia de la muerte o la divulgación de la catástrofe, sino porque creía que estaba haciendo bien su trabajo. Era como si llevara en su cabeza un laboratorio de palabras sobre la propagación de las noticias decisivas. Y hubiera hecho toda clase de pruebas, hubiera ensayado con toda suerte de palabras. Llevaba en su cabeza la articulación verbal de lo decisivo, pero no era un poeta, era un alienado más en este mundo de inagotables seres que se gastan en vano. 

Mi padre murió dos años y unos meses después de que el médico decretara esta estúpida sentencia. Aunque yo creo que mi padre murió por parecerle una idea interesante el vaticinio de aquel oncólogo y por no dejarlo en ridículo, por cortesía laboral con aquel tipo. 
La estupidez del oncólogo le pareció a mi padre una percha azarosa con la que salir de este mundo por invitación de alguien. 

No creo en los médicos, pero sí en las palabras. No creo que los médicos sepan demasiado de lo que somos, porque desconocen el mundo de las palabras. Sí creo en las drogas. La ciencia moderna ha delegado en los médicos la autoridad sobre la catalogación y prescripción de las drogas. La medicina vale si suministra drogas. Es decir, si suministra lo que mata. Las drogas son la naturaleza, estaban allí desde siempre. No nos dejan tomarlas a nuestro capricho. 
Hubo un silencio, y volví a mirar al oncólogo. Mientras mi madre le preguntaba alguna ocurrencia, de repente yo sentí más pena por la vida del oncólogo que por la de mi padre. 
Me pareció más deprimente la vida de ese hombre que la noticia de la enfermedad de mi padre."


(brillante fragmento de la novela Ordesa de Manuel Vilas, sin duda el libro de mi verano y la nueva mejor prosa, por divertida y doloroso, actual en castellano). 

martes, 9 de octubre de 2018

domingo, 23 de septiembre de 2018

vacaciones

Desprecio yo ese estado de excelencia médica improbable, esa grandiosa apariencia de madurez lúcida, dinámica pero tranquila, en que como doctor, no desconfíen ya de mí los pacientes por la inexperiencia percibida, pero aún tampoco por el seguro e inmediato sudapollismo hipercínico o demencia senil incipiente que le sucederán de inmediato sin duda y no querré ni podré disimular. Ese periodo, si existiese, y me llegara algún dia y tocara la solapa de esa bata que jamás llevo, y me llenara de gracia diagnosticadora, empatía infinita y sanadora resolución, si me alcanzase, decía, ese glorioso momento profesional antes que la inhabilitación o la cárcel, quiero gastarlo yo de vacaciones. Tampoco creo que dure mucho más. En un lugar absurdo y sin prestigio, un Torremolinos cualquiera, un Benidorm en temporada media, baja, mejor en temporada baja. Muy a salvo de ese respeto y credibilidad merecidos y esperados durante toda una vida de trabajo y estudio. A poder ser borracho, en chanclas y bañador, jugando a las tragaperras.

martes, 10 de abril de 2018

Fragmento profético de España de mierda, de Albert Pla

"-Pero la culpa de todo la tiene Isaak Westinhouse -prosiguió Quimi.
-¿Quién es Isaak Westinghouse?
-Fue un buen amigo mío, ingeniero de sonido y biólogo. Él fue quien desarrolló la teoría de los Borbones, un estudioso del poder de las letras, erudito del sistema bucal, sabio de las laringes. Sus estudios se iniciaron a partir de preguntas como: ¿Mueven igual el paladar y la lengua mientras hablan los alemanes que los chinos mandarines?, ¿la laringe de un francófono se ejercita del mismo modo que la de un mongol?, ¿es más flexible la lengua de un hombre que habla mucho en turco que la de una mujer que habla poco en danés?.
Raúl escuchaba atentamente, jamás había pensado en ese asunto. Quimi prosiguió:
-Pero ahora ya es demasiado tarde, el mal ya está hecho. Por culpa de Isaak, dentro de poco no quedará ni un catalán con vida. Todos morirán.
Quimi había conocido a Isaak hacía cinco años.
Claro que, cinco años atrás, Isaak aún no sabía que conseguiría eliminar de la faz de la Tierra a todos los catalanes.

Isaak Westinhouse, ciudadano alemán con residencia en Guatemala, hijo de madre polaca con abuelo ortodoxo ucraniano y abuela pakistaní, había consumado el genocidio.
Porque un año antes, la infección ya se había extendido entre todas las gargantas de los catalanohablantes.
Porque un año y medio antes se había aplicado el virus a todas las gargantas a lo largo y ancho de cataluña.
Porque dos años antes, los bombardeos constantes a las principales ciudades del país no habían surtido ningún efecto.
Porque dos años y medio antes, las tropas del ejército de los Estados Unidos desembarcaron en las costas del Garraf para invadir el país y derrocar a su presidente en nombre de las Naciones Unidas.
Porque tres años antes, la ONU había decidido apoyar al Ejército español en su intento de defenderse de Cataluña.
Porque tres años y medio antes los catalanes habían declarado la independencia de Cataluña.
Porque cuatro años antes los catalanes no sabían que Isaak Westinhouse ya había inventado una bacteria que provocaba una infección de garganta irreversible al hablar la lengua Catalana.
Porque cuatro años y medio antes, Isaak Westinhouse ya había conseguido descubrir un virus que se alimentaba de las cuerdas vocales en relación con los movimientos de la lengua, paladar y mandíbula, en cuanto tu boca se pusiera en disposición y posición de hablar esa lengua latina ya perdida para siempre.
Porque, cinco años antes, Isaak Westinhouse aún no sabía que iba a inventar una enfermedad infecciosa que acabaría con los catalanes.

No voy a decir que la totalidad de los miembros de las Naciones Unidas se sintieran satisfechos con la muerte de todos los catalanes, pero si la muerte de unos pocos millones de catalanes servía para salvar las vidas y la libertad de muchas personas en el mundo, valía la pena.
Se había evitado una guerra.
Así pensaba hoy en día Isaak Westinhouse.
Y a Quimi eso le entristecía profundamente.
Raúl se dio cuenta enseguida. Tito se había despertado e intentó arreglar el asunto de una manera radical.
-Esto se arregla fácilmente: dejad de hablar el catalán y...¡solucionado!
-Es una cuestión de principios -contestó Quimi, que ya parecía saber de antemano lo que diría Tito. Continuó-: Hay dos maneras de sobrevivir, callando o hablando el castellano. Yo preferí tomar voto de silencio y retirarme a Montserrat. Pero, aun así, ya es demasiado tarde, la gente está perdida, tenemos el mal dentro, tarde o temprano se desarrollará; podriamos evitarlo hablando otros idiomas, pero la mayoría de los catalanes prefieren morir antes que hablar el castellano."

(fragmento de la novela lisérgica de furgoneta y rock "España de mierda", de Albert Pla. Y sí, Quimi es Portet, ex-Último de la fila. Y sí, la primera edición se publicó en noviembre de 2015, casi 2 años antes de la (no) celebración del referendum catalán del 1 de octubre de 2017 y la sucesión de acontecimientos posteriores que aún pueden hacer realidad la ficción distópica de la novela. Leer para creer, amigos. Ficción pesimista para evadirse, o prepararse, de o contra, una realidad peor. O reirse de todo ello. La novela divierte por alguna escena disparatada y absurda o asusta un poco, también, por no tan imposible. Recomiendo todavía más la entrevista a Albert Pla en carne cruda, dejo el podcast: http://www.bifmradio.com/radio/carne-cruda/311-pla/)

domingo, 25 de marzo de 2018

Propios y extraños, un poema (para un año) de Benjamín Prado

"PROPIOS Y EXTRAÑOS


Lo dice todo el mundo: ya no soy el que era.
Me llamo como el otro,
uso su ropa,
vivo en su casa y firmo lo que escribe;
pero el resto es distinto,
tiene razón la gente.

El hombre que creía
que nada más que el miedo consigue que las cosas
parezcan lo que son;
el hombre al que admiraban igual que a los delfines
que escoltan a los barcos sin saber dónde van;

el que colmó su sed
como quien bebe el agua de un vaso donde hubo
unas rosas cortadas;
o el que aún no sabía
que resulta imposible ser uno mismo a solas;
ése, ya no soy yo.

El hombre en cuya mano estaba escrito:
-No hay vida más vacía que una tumba sin flores.

El que no sospechaba
que ser independiente
es poder elegir
a quién necesitar.

El hombre con dos caras que jamás era él mismo.
El hombre que quería estar solo y no pudo
porque ya no quedaba sitio en la soledad.

El hombre que pasaba de largo por los otros.
El hombre que no supo
que el silencio no estaba nada más que en su oído.
El que ya no creía.
El que no te esperaba...

Pregúntale a cualquiera. Lo dice todo el mundo:
-Ya no eres ni la sombra del que fuiste,
desde que esa mujer está a tu lado."


Benjamín Prado


sábado, 3 de marzo de 2018

Paseo por Harlem, un poema de Adonis

"1

Un viernes de enero de 1997, el día ya había soltado todos 
sus peces, como solía, para que pudieras perseguirlos:
nadar en un océano de dolor. El sol había despertado,
pero aún no había abandonado el lecho. Allí permanecía 
medio dormido, bostezando y estirándose, luchando con
la frialdad, contra el ejército del frío.
...Desierto lleno de aves rapaces, en cuyo cuerpo sin alas
una fina pelusa ocupaba el lugar de las plumas.
¿Cómo persuadir a mis pestañas
de que han de acostumbrarse a este polvo humano
ensordecedor?
Necesitas rodillas de fuego:
serán tus testigos las piezas de caza acosadas,
las señales maravillosas.

Tiempo:
en sus cables oscilan los cuerpos,
en sus plazas bailan los cuerpos.
Mas pareciera que el tiempo mismo
oscilara solo, 
bailara solo. 

Oscuros cielos
que acumulan nubes,
almacenan truenos.

Hierbas de la ira
más altas
que las cúpulas de las iglesias
y las torres de los rascacielos.

Ventana:
flauta rota. 

Sospechaba que aquel plano de la ciudad acabaría cercándome,
adondequiera que me encaminara:
*Más te vale, guardián celeste,
limpiar de telarañas tu memoria.
*Paz familiar es la cama.
*Tus ideas sobre la materia 
en la nebulosa de estatuas y monumentos
son alabanzas del vacío. 
*La química de la soledad
destila muchedumbre.
*Pon el cielo al fuego
en un gran caldero.
*No alcanzarás la rectitud
sino en la medida que te tuerzas.
*No combatas más que a ti mismo:
en la tierra hay especio para todos,
aunque el poder sea la primera de las bestias.
*Escoge bien el sitio para pescar.
Después, ruega al cielo
al echar la red.
*¿Pero, quién eres?
Tengo muchos nombres,
pero no sé quién soy.

La música gospel
se abraza al cuerpo del cielo
y al cuerpo de la tierra
en ritmos que alumbran los candiles de la infancia.

Pan musical
es el Mesías.

Harlem,
guitarra de la luna naciente.

Hamilton Terrace:
Pasa una mujer negra
que pronuncia palabras de luz.
Otra mujer
despierta en sus labios besos dormidos.
Tercera mujer:
noche de ébano. 

Historia:
luces que acarician el cuerpo de los edificios.
El pasado colorea las farolas.

Baja la cabeza, George Washington,
no sea que choque con las heridas del techo.

¿En verdad se ocultan
relámpagos rojos bajo la piel negra? 

George Washington:
sólo el viento
equilibra las montañas. 

Soul food:
Despierta a tu infancia
y aprenderás a comer
de la mano de la música.

Duke Ellington, Paul Robeson:
otro mapa
para la rosa de los vientos. 

Sugar Hill:
escuadrones de colores 
en el cuartel de las pasiones.
Caballos que emigran a colinas soñadas. 

125th Street,
por donde deambulan espectros
que llevan el brazo de la historia bajo el sobaco:
estaturas
más altas que las paredes de las casas.

Teatro Apolo,
escenario donde se mezcla la gente con las estrellas,
telón que recita el elenco de actores. 

Harlem,
en las falanges de la mano negra
nache la mano del pervenir.
Caminos que se perfilan.
Mi primer relato del futuro
versará sobre ti. 


2

Sed negra sobre la tierra: 
entre ella y la infinitud del aguda,
sólo un hilo blanco. 

¿Por qué, vieja hoz,
nuestra taberna es tu cosecha?

Redes de pesca:
Pesca del espacio, a veces.
A veces, pesca de hombres.

Harlem,
mercados
que promueven el tráfico de nubes. 

Este tiempo es de ceniza
-dice Harlem-
pero yo sólo aprenderé de la llama. 

Selva es mi cuerpo
-dice Harlem-
montes mis días.
¿Cómo no vestir de viento?

Harlem,
Louis Armstrong sube,
gemido a gemido, 
de la garganta del aire.
Sin duda,
un clarinete ligero en labios de la vida
puede desmentir a los tambores del silencio
en los que redobla la muerte.

Harlem,
las cosas hablan contigo
desde sus escombros.
Y tus cafés son pechos secretos de mujer.

El tiempo y la negritud
han comenzado a unir sus pasos. 
Harlem, 
cuida ese ritmo,
cultívalo. 

(Nueva York, 4 de enero de 1997)"


Poema de Adonis extraído de Epitafio para Nueva York, traducción de Federico Arbós, editado por Nordica libros. 

domingo, 4 de febrero de 2018

M-113, arqueología antiurbana (retama y óxido)







Existe un lugar remoto bajo el sol frío que lo incendia y olvida.
En mitad de esa nada sin viento, un estandarte de chapa y sueño,
erguido contra el cielo todo
orgullo y abandono.

Vestigio de una abundancia sólo prometida, crucifixión
de hierro tumba abierta de hierba
seca, cerca de alguna carretera
secundaria hacia lejos del tiempo.

Taxidermia esteparia de un windsurf telúrico contra el futuro.
"Terrenos adquiridos para la próxima construcción de viviendas unifamiliares bajos con jardin áticos locales comerciales zonas comunes". Cruje
el peso de la ausencia, nunca
pisadas de nadie.
Letras y letras desteñidas significando...







...en ciertas tierras sólo la erosión perdura.

domingo, 28 de enero de 2018

Sauvage

Yo aceleraba al final de una curva de la M-604. La luna resplandecía fuegos blancos de nieve sucia entre los matorrales de ambas cunetas. Había reparado en la cura de humildad necesaria para el hombre postmoderno e hipertecnológico que debía ser morir accidentado en mitad de una montaña y un invierno a los que decidió asomarse por puro ocio imprudente. Tú algo antes bromeaste comentando que tú cine era el hispanoargentino con extra de conciencia social y dulce de leche, que tu música para despertarte era francesa y con luz natural. Parecieran haber pasado siglos hasta este momento en que también conduzco, recuerdo todo esto y salta en el orden aleatorio de una lista de Spotify elaborada por mi hermano Nature sauvage de Keny Arkana.

domingo, 14 de enero de 2018

Poemas de Feliz Francisco Casanova, ese maldito Rimbaud canario

"CUARTO DE ALQUILER

Oler en el corredor
vieja colonia derramada
por una mujer, el olébano
que cosquilleó
la nariz de un moribundo
en su última hora
y esa risa lejana
de una parto feliz,
me exilian de estas paredes,
me susurran que yo no vivo aquí.

(3-5-74)"


"SI NOS DESTROZAMOS EN UNA PESADILLA
que no tenga pies ni cabeza
y con el corazón rebotando sobre laspiedras
me obligas a llorar por ti,
a recoger las vísceras que dejas por el camino,
es entonces cuando me echo a dormir,
a tomarte en algún sueño,
pero surge otra pesadilla
que tiene pies y cabeza,
algo así como la vida,
y es ahí donde acabas
de destrozarme.

(10-5-74)"


"EJARBE

Los animales arrastran sus lenguas
guiados por el olor de la riada
y su aliento perdura en las flores.
El amante se yergue
y en su torso se dibuja otro cuerpo,
al igual que el río se desborda
tras laslluvias
su memoria rompe el dique
del pasado.

(25-5-74; 7 tarde)"


"LA MEDIA NOCHE CAE COMO UN PÁJARO
herido de sueño,
con tedio pasas la hoja
y el poema sigue su curso
como un río sin fin,
te dilata y reduce los ojos
te enfurece y amansa
y mientras la madera acaba de arder
el sopor llega con el alba.

(31-5-74)"


(poemas extraídos de la antología poética Cuarenta contra el agua, de Feliz Francisco Casanova, seleccionados por Francisco Javier Irazoki y publicados por la editorial Demipage en 2010, adquirida una copia por mi compañero de piso entre 2014 y 2016, olvidada en la estanteria de nuestro salón en 2017 y llegada a mis manos y mis ojos estas últimas semanas, meritorios de acabar en este blog esta noche de principios de 2018, a saber adónde más llegarán, 44 años después de la trágica desaparición de su autor)

miércoles, 3 de enero de 2018

Happy New Year. de J. Cortázar

"Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestas tu mano en esta noche
de fin de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres."


(poema Happy New Year, de Julio Cortázar)




sábado, 23 de diciembre de 2017

Completamente sábado

“MADRID

Para Ángel, Benjamin, Chus y Joauín,
Poetas líricos.

Agua limpia, Madrid, para tus ojos limpios,
Mientras que te despiertan los trenes y los pájaros.
Tienen prisa los días cuando buscan contigo
La ropa de los lunes en la estación de Atocha
Y el mar de los veranos en las flores deplástico.

Cielos limpios, Madrid, para tu sol de invierno.
Yo me como las eses, pero me siento tuyo,
Y soy azul sin nubes igual que los plurales,
Igual que el viento sur sobre las carreteras,
Como la cortesía de la palabra mundo,

Barra libre, Madrid, para el desconocido
Que duerme en la mañana y conspira en la noche.
Y bienaventurados los que temen al campo,
Los que viajan en metro, los que paran un taxi,
Los que nuca se pierden en La Paz del desorden. 

Los últimos amigos han cerrado la puerta.
Buenas noches, Madrid, otro whissky con hielo.
Agradezco tus ascuas a los pies del balcón.
Brindemos por La Luz rota de las estrellas
Que hace guardia en las casas a través de los sueños.”



“MEMORIA DE LA FELICIDAD 
(PLAYA DE ROTA)

A Silvia y Felipe

No es injusta la vida
Por estar condenada a cambiarme despacio
Como yo te desnudo.

Si no fuese una pobre amistad temblorosa,
Un íntimo abordaje,
El tiempo debería permanecer callado
Y detállanos de la puerta 
Para guardar así
La verdad de tu piel y La Luz de la tarde.

Desde el jardín, a voces,
Los amigos nos piden que bajemos.
Quieren ir hasta el pueblo por la playa.

A las olas que llegan
No les faltan misterios que poner a tus pies,
Ni arena que borrar entre tus pasos.
Mi libertad, que todo lo padece
Y navega entre unas posesivas,
Al verte caminar va comprendiendo
Que si tú te quedases
Así, tal como eres,
Salvada de las horas,
Con tu cabello negro, y con tus ojos,
Y con la fe de la madera limpia
Que flota en tu mirada,
Yo me iría alejando de ti,
Cada vez más hundido
como una luz se aleja por el mal
De una verdad robada por el tiempo.

La vida no es injusta,
Aunque esté cornada a cambiarte despacio
Como yo te desnudo.

Vente conmigo al frío del invierno.
Deja que todo pase
Como pasa una mano por la piel,
Como corre la lluvia
Por el cristal de un dormitorio.
Allí se puede ser feliz. Incluso
Volveremos un dia,
Descalzos y abrazados en la niebla,
A caminar por esta laya
Cuando seamos viento.”


(Poemas de Luis García Montero, extraídos de la antología Aunque tú no lo sepas, publicada por Visor a raíz de la grabación del documental con el mismo nombre)