viernes, 2 de junio de 2017

La malcasada, de Luis Alberto de Cuenca


"Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que solo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
pintate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren."

[El otro sueño, Sevilla, Renacimiento, 1987]

martes, 30 de mayo de 2017

Cómo dejar de escribir, de Esther García Llovet


"Soñé que nadie se muere la víspera.
Qué de puta madre sonaban las frases de mi padre, sonaban a verdad, a realidad pura y transparente, o, mejor aún, hacían que la realidad quisiera parecerse a ellas."

...

"Claudia era ese tipo de mujer que en las fiestas se sienta al borde del sofá, sin llegar a quitarse el abrigo, siempre lista para dar malas noticias. Claudia había llegado tarde, cuando ya todo el mundo se estaba marchando, con una bolsa de canapés de Mallorca y un vino argentino que traía muy bien agarrado por el cuello. Yo estaba en la cocina. La dueña, la Silvestre, me había invitado hacía un rato al verme pasar por delante de su casa, desde la ventana alta del salón. Yo creo que la fiesta estaba resultando tan lacia que me había invitado sólo por tener a alguien nuevo que enseñar. Todos estaban razonablemente borrachos, un borrachera que parecía costumbre y que ya no sorprendía ni a los pequeños gemelos Silvestre, que andaban por ahí. Una borrachera de viernes por la tarde. Estaban borrachos pero se dieron cuenta en seguida de que yo no tenía nada de que hablar, nada de que hablar con ellos al menos, y me fui a la cocina para echar una mano. En la cocina había una filipina minúscula cascando una pila de nueces y fumando como una chimenea. Tenía esa cara plana de los asiáticos, como si se la estampara contra el suelo al levantarse por las mañanas. Me señaló un bol enorme de arroz hervido y tres tubos de pasta de anchoa y entendí que tenía que mezclar todo eso. Era lista, la filipina. Empecé a mezclarlo todo con un tenedor de plástico, esa comida de gato o e refugiado, cuando oí una voz.
- Hola.
Era Claudia. Estaba apoyada en el marco de la puerta, con la bolsa de Mallorca, las gafas de sol recogiéndole el pelo en la coronilla.
- Me llamo Claudia. Claudia Cardone. -Me tendió la mano. Como una agente inmobiliaria.
- Renfo. -Le tendí mi mano abierta. Estaba manchada de pasta de anchoa y al estrecharla se manchó ella también. La retiré enseguida, disculpándome. Ella se miró la mano. Sonrió. Y entonces se llevó el dedo a la boca, el pulgar sucio, y lo chupó. Así es. Mirando al suelo como si no fuera con ella pero dando una larga y sonora chupada a su dedo manicurado. Cuando levantó la vista miró a la filipina, le dijo algo en tagalo y las dos se echaron a reír, la filipina con una carcajada grave y ronca. Igual era un filipino.
Claudia se dio la vuelta y se largó al salón, sin mirarme, dejando en la mesa la bolsa de Mallorca y el vino. Yo me había quedado de piedra. Seguí con el arroz.
- Don´t be a jerk -me soltó la filipina al cabo de unos minutos. Es decir, no seas un niñato, no seas un gilipollas, no seas un maldito pendejo. Todo lo que yo era entonces. Cuando me decidí a ir al salón Claudia se había marchado ya"

...

"-Aquí - me contestó-. En mi coche. Qué pasa.
- ¿En tu coche?
Me miró de frente. Llevaba la ropa arrugada y probablemente no se había duchado en una semana. Por lo demás, estaba fresco como una colegiala.
- Este coche es mío. Es el primero que me compré, feo como eran feos los coches de antes, aunque ahora pagarían una pasta por él. La gente compra cosas viejas pensando que son antiguas cuando sólo son usadas, no sé. La gente es gilipollas. En cambios a los viejos no nos quiere nadie.
- Pero si este coche se lo robaron a mi padre. Me lo dijo la policía.
- Porque se lo regalé cuando cumplió los dieciocho. Se lo regalé para que saliera de casa y viera el mundo. 'Échate a la calle, sal ahí fuera y diviértete aunque sólo encuentres miseria y vuelvas lleno de asco o de pena. La pena puede ser divertida también', eso le dije. Pero no lo hizo. Prefirió encerrarse en su cuarto a escribir novelas, esos novelones de cien mil páginas, la Biblia en pentámero yámbico. Ahí sí había pena, ves. Pero aquí -señaló con el dedo la calle, la señalización de Prohibido el Paso, el cartel de Cerrado de El Chigre-, nada de nada. Escribir, eso sí. Escribir y escribir y escribir. La puta literatura. Qué aburridos, qué estreñidos, la verdad. Qué poca sangre, los escritores. No te fíes de nadie que tiene la misma cara borracho que sobrio, Renfo. 'Si sales de la pena saldrás de cualquier cosa', eso le dije. De cualquier cosa. Dímelo a mí."

(fragmentos de la novela Cómo dejar de escribir, de Esther García Llovet)


lunes, 17 de abril de 2017

31, Joan Fontaine Odisea (AFM) / Oporto abril '17

"Por empezar con un clásico de Auserón,
un día más me quedaré sentado aquí,
en la penunbra de un jardín tan extraño,
barremos autopistas sabiendo exactamente
quienes somos si algo nos hace sufrir, y sin saber
quién vivió la felicidad que el azar nos tenía asignada,
parpadeamos y batimos ante un mismo relámpago
con la esperanza de que una voz nos diga
te espero, guarda para mí los kilómetros
que vienes quemando,
y al instante el trueno nos recuerda que al fin somos
no más que una tumoración florecida en la luz, un cuerpo
que llegó, creyó soñar y dejó aún menos que los animales,
quienes al menos dejan
conductas repetidas.

El tiempo
empieza después.

Heráclito dijo, el cosmos más bello
es basura esparcida al azar, lo que no dijo
es que esa sola frase pone en marcha
la duda de toda una vida: Dios no tiene unidad.
¿Cómo la tendré yo?
, atormentó a Pessoa.
Nunca sabremos si vivimos tapando vacíos o
vaciando quimeras, ni si aún seguimos siendo
el niño que agarrando una muñeca
ríe junto a su hermana en la fotografía,
ni si el silencio abisal de las fotografías
es la prueba más fiable de que la muerte quedó atrás,
[siendo así, ¿qué nos espera?]
Una certeza: los versos son la forma
más amable del desamor aunque dilaten
el dolor de la herida, y ahora
a seguir adelante
[gracias Andrés por la frase]
con farmacia y con aguante.

Perder un amor equivale
a perder todos para siempre.

Lyotard vino a decir, se pisa humo,
y la hoguera está en tu cabeza,
lo que no dijoe es que eso ya todos lo sabíamos,
que desde Altamira el hombre no ha cesado
de inventar cosas inútiles, palabras como amor, 
compañía, felicidad; incluso vida. 
Lo dijo Woody, pero de otra manera,
la vida es como un campo de concentración.
Hagas lo que hagas no puedes salir de él sin morir. 

Por eso necesitamos pensar que donde
termina el asfalto empieza la divinidad que no vemos,
estrecha es el alma, confesó San Agustín,
para contenerse a sí misma, y a pesar de todo
nos empeñamos en ser automóviles que
sin piloto ni luces se cruzan en la noche,
hacia su propia luz cada cual teledirigido,
hacia su propia sombra cada cual teleperdido.
No queda aún la última gasolinera,
el último desayuno en el shopping center,
un último vistazo al mapa de carreteras
cada vez más blanco y negro. Otro latido
menos amargo en los ojos azules de la cajera
antes del que será el último control de alcoholemia,
te dices,
nos queda.

Por terminar con el mismo clásico,
soy metálico en el Jardín Botánico."







(poema indeleble de Agustín Fernandez Mallo, número 31 de su Joan Fontaine Odisea, releído recientemente a tiempo en mitad de una autopista portuguesa desierta. De regalo los enlaces a las dos canciones que en el poema ocurren y a una más posterior que se me ocurre porque las palabras, se escurren)


lunes, 27 de marzo de 2017

Hierro y Níquel (y si me dieses una pista..)




"Dicen los sabios doctores
que la ausencia causa olvido.
Yo soy uno que no puede
olvidar que te ha querido."

domingo, 26 de marzo de 2017

youtube

Se conocieron así.
A través de un gesto mutuo
infinitamente paciente
de amor distante y resignado.

Uno publicaba en su muro de Facebook videos de canciones en Youtube.
El otro buscaba las letras y se adivinaba en cada verso.

Distantes y resignados también
así
se fueron desconociendo.

martes, 14 de febrero de 2017

Travessera de (ninguna) Gràcia

2017 llueve tal vez
de un modo inconsciente todos
creemos merecer (algo que se aleja).

Barcelona brilla rota
como un botellín desenfocado.
casi ella, sólo frío. fuga intravenosa
esquirla, desmemoria,
océano.

desandar
todas las noches
de una ciudad, desaprender quizá
casi una vez su mirada. por el suelo
llovido (te extraño)
Barcelona brilla rota
y éramos
sólo un desagüe de bocas ciegas
sangrando
2017 llueve Barcelona mirada la vida
siempre acaba
(defraudando).


domingo, 12 de febrero de 2017

Palabralgia

"Mamihlapinatapai" es una palabra del idioma de los nativos yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness de los Récords como la "palabra más concisa del mundo", y es considerada como uno de los términos más difíciles para traducir: 
"Una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar".  

(recorte digital de la revista Negratinta)

sábado, 14 de enero de 2017

Tony Pagoda y sus amigos, de Paolo Sorrentino

"Y por la noche retomo mi vida de viejo. En el silencio de mi casa, sentado solo en la cocina contra la modesta luz de la araña, me como unos albaricoques que extraigo con destreza de unos papeles de periódico. Detengo la mirada sobre un artículo que he visto impreso en el papel arrugado del periódico. Todavía conserva el perfume de plomo y albaricoque. Habla de las diez razones por las que merece la pena vivir. Me apasiono. Y leo esa lista en la que predominan las cosas bonitas. Los hijos que dicen papá, las puestas de sol, la fidelidad, los mares celestes de Tavolara y Salina, los esposos y esposas que llevan juntos treinta años, las miradas ardientes de los enamorados, los despertares con el olor del compañero al lado, la pizza margarita, los indelebles recuerdos de la escuela, la amistad pura.
En resumen, un gran repertorio de experiencia y ternura flota en esas listas de la felicidad redactadas por gente común. Y es en ese mismo momento cuando me doy cuenta de que ese repertorio, ¡ay de mí!, no me pertenece. No consigo compartir con ellos la misma experiencia. Un estremecimiento de sufrimiento me atraviesa. Porque, desgraciadamente, vivo con la maldita, insoportable convicción según la cual el alma humana tiene facetas que van más allá de sus buenas intenciones.
En homenaje a estas convicciones y por respeto a mi verdad, he decidido escribir mis diez motivos por los que merece la pena vivir.
Ahí van:
1. La exaltación impagable de irse a la cama exclusivamente con las mujeres de los demás.
2. Intentar vivir honestamente, no conseguirlo, y decir con satisfacción que los has intentado.
3. Volver a casa infelices e indefensos, pero sin sentido de culpa.
4. Constatar, con una sonrisa, que la resaca ha sido inferior al pico de excitación proporcionada por las drogas y el alcohol.
5. Decapitar, con un sable antiguo, las cabezas de todos los padres obsesionados exclusivamente con la educación de los hijos.
6. Meter la cabeza debajo de las sábanas después de haber practicado, a intervalos regulares, el noble arte de la aerofagia.
7. Cruzarse por la calle con gente que conoces, mirarles directamente a los ojos, y no saludarles.
8. Duda de la inteligencia de las personas consideradas por unanimidad inteligentes.
9. Descubrir, pero desgraciadamente no sucede nunca, que todos están conspirando en tu contra.
10. Los ojos secos de las madres.
Habría también un onceavo: los ojos secos de los padres que no hemos tenido."

"...Le digo al taxista el nombre del hotel, pero a lo largo del trayecto veo un quiosco donde se venden perritos calientes y le pido que me deje allí mismo. Así estoy: en frac tomando un bocadillo, rodeado de seis adolescentes borrachos que arman jaleo. Sueltan frases en alemán. No entiendo nada. Pero, naturalmente, se puede percibir el ritmo y la atmósfera de las cosas que dicen. ¿Y sabéis qué descubro? Se están divirtiendo. Con nada. Con seis cervezas de un euro y tres bocadillos que comparten. Dos se besan en la boca porque han descubierto que se quieren. Otro los divierte imitando a alguien desconocido para mí. Otro disimula un eructo. Exóticas bellezas. Ríen de pronto, simplemente porque se han mirados los unos a los otros. No valen una mierda, nada, y sin embargo son un concentrado de dignidad insólita, elegante, objetiva.
Son la juventud, tal y como tiene que ser.
Perder el tiempo, ociosamente, para descubrir poco a poco todo lo que la vida tiene para ofrecernos: la amistad, el sexo, el dolor, la inseguridad, la vorágine, el enamoramiento, el resentimiento, la envidia de aquel que se ha quedado solo porque aquellos dos se están besando. Los miro con descaro, con insistencia, y formulo un pensamiento muy simple: aquí es donde debería de estar la tal Ruby. Tendría que estar en medio de estos chicos. Y también todas las demás que van arriba y abajo de la misma manera, si tan solo supieran lo que se están perdiendo al no estar aquí con estos seis austriacos frente al quiosco de los cojones.
En cambio, se creen muy listas haciendo cosas de viejos, cosas que la vida te condenará a hacer más adelante: shopping sin parar y novios canallas, padres carroñeros, relaciones instrumentales y hermanos rufianes.
Les querría decir; habrá tiempo para estas cosas, pero por ahora id con los chicos de vuestra edad a decir tonterías hasta las tres de la madrugada, pasad de todo lo demás. Es aquí, delante de todos los jodidos quioscos de todas las ciudades, donde anida la belleza, no a bordo de los coches por cortesía y en las falsas discotecas de las casas privadas de los ricachones que manotean a diestro y siniestro..."

"Al final no queda otra que buscar un espejo para decirse con desconocida sinceridad: eres un subnormal."

(fragmentos geniales de la genial novela Tony Pagoda y sus amigos, de Paolo Sorrentino, descubrimiento reciente de personita cercana que agradezco hasta el infinito ;-)

sábado, 17 de diciembre de 2016

Bienvenida Zoe

Ha sido padre una de las personitas que más admiro y quiero de este mundo raro. Y reviso los textos de French Harina de Raúl Ferruz, para decirle de algún modo, que aunque no pueda entender absolutamente todo lo que debe de estar sintiendo ahora mismo, estoy con él y su felicidad le da sentido a tanto absurdo reciente.

CLAUDIA (ZOE)
La miro, mientras se estira intentando alcanzar los extremos de la cuna. Me pregunto con qué soñarán los recién nacidos. Abre los ojos, los cierra, se araña la cara. Me pregunto qué se sentirá al no poder sentirse decepcionado. Musita, late en una permanente taquicardia. Me pregunto cuántos enanitos químicos tapizarán sus sueños. Todo parece suave, una masa informe de inocencia. La leche entra en su cuerpo, con la extraña condescendencia de un río bíblico. Inundando el bosque de células que aún nadie ha barnizado y convertido en un jardín botánico de recuerdos públicos. Me pregunto cómo funciona la vida. Eructa y se queda dormida. La quiero, de un modo ajeno.

GRACIAS
Y de pronto, esa explosión de vida. Como una boca de incendio reventando. Un cuerpo entrando en el mar. Atravesando el agua. El zumbido en los oídos. La descompresión. La espuma creciendo al cielo. Como un transbordador atravesando la atmósfera. Y la cola del cohete dejando el rastro del recuerdo. Y los ojos cubiertos de sal. Las bocanadas dentellando el oxígeno. Y el oxígeno violando al cerebro. Y mirar a la orilla y ver correr a un galgo. Y hundir la cabeza y sonreir al reflejo dorado de la arena en suspensión. Y mirar a la orilla y ver correr un guepardo. E intentar buscar un metrónomo interno. Y recordar que eres sordo por voluntad propia desde hace una vida. Y apretar los ojos. Como si eso sirviera para evitar ver las imágenes de dentro. Subtituladas, en azul, y a cámara lenta. Mientras la espuma inicia de nuevo su viaje descendente hacia la superficie. Modificando la trayectoria del optimismo. Y calando los tobillos de los niños desamparados. Y de pronto, esa explosión de vida. Al comprender, por fin, que tu amor desimanta todas las brújulas que apuntaban al suicidio. Gracias.

TOPE
Le llamamos hacer tope. Ella acerca la cabeza hacia tí, y posa la frente sobre tu frente. En una reverencia infantil. Cuando las frentes se tocan, su hilera de dientes queda al descubierto. Y sonríe. En silencio. En señal de victoria. Es su forma traviesa de decir hola. Te quiero. Qué tal. Me suenas. Un beso.
No nos entiende cuando le hablamos. Ni nosotros a ella, cuando chupa las sílabas, las envuelve en saliva, y las escupe. Pero algún día, nos sobrevivirá. Enterrará. Y asistirá a nuestros funerales.
Acaba de cumplir una semana. Su juventud nos envejece. Cualquiera de nosotros daría la vida porque fuera feliz. Literalmente.

(textos geniales de Raúl Ferruz, incluidos en su libro French Harina, disponible en Amazon)

domingo, 20 de noviembre de 2016

Blues castellano, de Antonio Gamoneda

"IDA Y VUELTA

Has cruzado despacio la ciudad.
Por una vez, tú no vas a trabajar,
ni a comprar una medicina,
ni a entregar una carta:
has salido a la calle para estar en la noche.

Tienes suerte esta vez;
has sabido, esta vez, que se puede vivir
y sentir reunidas tu existencia y la noche,
y que es justo y es bello y es real respirar
en esta libertad oscura hasta las estrellas.

Y, de pronto,
has pensado en tu especie y en tu privación
y en que, todos los días de la vida,
los que no aman la noche nos ocultan
esta paz que hay entre nosotros y las cosas del mundo.

Es entonces
cuando, más que en la noche, tú vives en la cólera
y en el amor también. Y te detienes.

Desandas la ciudad y te reúnes
a otra profundidad también oscura."


"AGRICULTURA

Qué valdría sin pisadas humanas
esta pobreza que hace crujir la luz.
Qué sería la belleza violenta
del secano sin el corazón cansado
que piensa en él: tierra comida
y mala soledad frente al acero
mural de las montañas.

Mirad, es bello y es verdad: arriba
el cardo blanco y el centeno, ciegos,
vibran junto a los pájaros, y luego
baja la tierra sobre sombras rojas
hasta el poco de agua y los negrillos.

Baja roída por el sol, quemada
por el hielo como el rostro humano
quieto y tajado de dolor, que pasa,
mil veces pasa por la tierra, duro,
con la herramienta y el caballo viejo,
seco como su amor, mil veces pasa,
toda la vida mientras dura el día."


"HABLO CON MI MADRE

Mamá, ahora eres silenciosa como la ropa
del que no está con nosotros.
Te miro el borde blanco de los párpados
y no puedo pensar.

Mamá: quiero olvidar todas las cosas
en el fondo de una respiración que canta.
Pasa tus manos grandes por mi nuca
todos los días para que no vuelva
la soledad.

Yo sé que en cada rostro se ve el mundo.
No busques más en las paredes, madre.
Mira despacio el rostro que tú amas:
mira mi rostro en cada rostro humano.

He sentido tus manos.
Perdido en el fondo de los seres humanos te he sentido
como tú sentías mis manos antes de nacer.

Mamá, no vuelvas más a ocultarme la tierra.
Ésta es mi condición.
Y mi esperanza."


reblandecido noviembre

Es una tarde de noviembre en este Madrid postcrítico, contaminado y miserable. He despertado confundido de una siesta incalculable. Un cielo reflectante en gris y naranja se ha detenido a medio anochecer sobre mi ventana. Semidesnudo, me enciendo un cigarro en el fogón que calienta el rumor aromático de una vieja cafetera italiana. Me visto y camino por las calles adoquinadas entre un murmullo urbano de vitalidad no desagradable. Entro en una peluquería de caballeros, castiza, decadente. Puedo leer sobre la repisa, en el etiquetado de un envase verde violento: "Floid, masaje genuino, mentolado intenso". Suena rock and roll de los cincuenta en una emisora de radio por internet, y el peluquero con estigmas de toma de antipsicóticos me sonríe desde el espejo empuñando su navaja a escasos centímetros de mi carótida izquierda. Yo recibo sentado e incrédulo, pero sosegado, filtrándose a través de mi cuero cabelludo, todo este placer sensorial múltiple, cayendo ralentizado sobre mi ausencia de prisa, de hambre, de frío, de sueño. No es mi cinismo habitual, no es apatía. El tiempo transcurre reblandecido, con un fluir inerciado propio de una percepción adulterada. Me percato, sonriente. Supongo que nuestros abuelos llamarían vivir en paz, a pesar de todo, a una existencia en que esta enajenación se prolongara hasta lo irreversible. La placidez que anhelamos es una vida sedada.

Verso de reproducción lenta

"¿Qué quiere ahora de ti
el animal que has sido?
(Yo soy el que soy
y niego el olvido)"

Rafael Berrio

martes, 25 de octubre de 2016

Ante todo no hagas daño, de Henry Marsh

"Cuando estamos en un hospital, enfermos, temiendo por nuestra vida y a la espera de una cirugía aterradora, tenemos que confiar en los médicos que nos tratan. Si no lo hacemos así, la vida se vuelve muy complicada.
Muchas veces, para superar nuestros temores, incluso atribuimos a los médicos cualidades sobrehumanas. Si la operación es un éxito, el cirujano es un héroe; si fracasa, es un villano.
La realidad, por supuesto, es completamente distinta. Los médicos son humanos, como el resto de nosotros. Gran parte de lo que ocurre en los hospitales es cuestión de suerte, y la suerte puede ser buena o mala. El médico pocas veces tiene control alguno sobre el éxito y el fracaso. Saber cuándo no hay que operar es tan importante como saber operar, y la experiencia en lo primero es más difícil de adquirir.

(...)

"Cuando hablo con mis pacientes la víspera de la cirugía, trato de no hacer demasiado hincapié en los riesgos, pues son aspectos que prefiero discutir con detalle en alguno de los encuentros anteriores. Intento tranquilizarlos y reducir su miedo, aunque eso signifique que aumente mi propia ansiedad. Para mí sería mucho más fácil llevar a cabo una operación difícil si le dijera de antemano al paciente que es terriblemente peligrosa y que hay bastantes probabilidades de que salga mal, ya que entonces, si en efecto no sale bien, quizá la dolorosa responsabilidad que sentiré será un poquito menor."


(fragmentos de Ante todo no hagas daño, de Henry Marsch. Un regalito inesperado de Maracast, rareza irreconciliable de discípula sometida y a la vez un poco amiga. Gracias)

lunes, 17 de octubre de 2016

Ausencias de duración limitada III, de Michel Houellebecq

"Y la continuación. Nada demasiado interesante. ¿Qué podría decir que no sea personal?
Como en el teclado de mi inteligencia las ecuaciones de Maxwell se vuelven variaciones inútiles, decido volver a encender un cigarrillo.
Esta noche, he decidido aumentar a tres comprimidos de Halcion.
Es una evolución sin duda ineluctable.
En cierto modo, es más bien exasperante constatar que conservo la facultad de esperar algo."


(fragmento de Configuración de la última orilla, quinto poemario de Michel Houellebecq y regalo reciente de una presencia de duración limitada)


domingo, 9 de octubre de 2016

Te quiero, de Kutxi Romero

"El día
es un mal necesario
que tengo que atravesar
para poder llegar
a la noche
acostarme contigo y abrazarte".
Es una lástima

que
tan hermosa
declaración 
de amor, 
en pleno siglo XXI,
con el aluvión 
de pensadores,
poetas

artistas
que existen,
haya salido 
de los labios
de 
Homer Simpson.


(poema titulado Te quiero, recogido en el poemario Bruce Willis es zurdo, de Kutxi Romero)