lunes, 30 de agosto de 2010

Atención: ésto no es un regalito inédito

Otano. 1949*

Cosa buena es pintar, si sirve para despintarnos de la mala pintura que cubre la realidad enseñada y nos tiene con el alma al duco.

Antes de enternecernos frente a la lámina de la Primavera (quinto grado) habíamos pasado por un tiempo de ver y entender, a esas horas en que amábamos los vidrios facetados, la deformación reveladora de los sifones contra la luz, el espectáculo maravilloso de una cucaracha rabiando en un calidoscopio.

Tenemos muchísimos párpados, y en lo hondo, y perdidos están los ojos. La lista de párpados -que continúo descubriendo y clasificando- incluye la instrucción primaria, el contrato social, la tradición, el culto a los antepasados sin discriminar entre los meritorios y los idiotas, el realismo ingenuo, la viveza, el a mí no me engrupen, la necesidad de hacer juego con el ropero provenzal, el cine, y Vasari. Los párpados son muy útiles porque protegen los ojos; tanto que al final no los dejan asomarse a beber su vino de luz. Otano, con grandes pinzas, se ha puesto a arrancar párpados. Ay duele; vaya si duele. Como que hace ver las estrellas.

Los ojos son para ver las estrellas.


*Catálogo de la exposición Otano. 1949; Galería Cantú, Buenos Aires, 5 al 17 de diciembre de 1949.



("Papeles Inesperados". Julio Cortázar)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Contra Jaime Gil de Biedma


¿Fue posible que yo no te supiera
cerca de mí, perdido en las miradas?

Los ojos me dolían de esperar.
Pasaste.

Si apareciendo entonces
me hubieras revelado
el país verdadero en que habitabas!

Pero pasaste
como un Dios destruido.

Sola, después, de lo negro surgía
tu mirada.





Loca

La noche, que es siempre ambigua,
te enfurece -color
de ginebra mala, son
tus ojos unas bichas.

Yo sé que vas a romper
en insultos y en lágrimas
histéricas. En la cama,
luego, te calmaré

con besos que me da pena
dártelos. Y al dormir
te apretarás contra mí
como una perra enferma.



Idilio en el café

Ahora me pregunto si es que toda la vida
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos -qué latido
de la sangre en los párpados- y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.

No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
y este beso igual que un largo túnel



Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.


(Jaime Gil de Biedma)

martes, 24 de agosto de 2010

Nota de la dirección II o Manifiesto contra la mentira del síndrome postvacacional

Creo seguir vivo, aun desconfiando de la palabra vacaciones.
El sol me ha quemado las pestañas y prendido de amor y rabia las arterias.
He compartido ventilador y extrañeza cíclica con un anuncio de ron añejo y todo me huele a comida china.
Soy una de esas avispas ahogadas en mi piscina que una vez resucitaste con ese encanto descarado.
La luz extrañísima y eterna, pandemia de las 7 a.m., se me ha pegado a la piel y ya no sé cuándo sigo borracho.
El mar de agosto y fotograma se seca en tu boca entreabierta y todo parece volver como arrastrado por un sumidero de tardes hacia un caos de serenidad y resaca.
Sigues aquí. Eres de nuevo lo que más me exijo. Lo que nunca me perdono.
Este verano ha pretendido sobrevivirme y ante eso ya no puedo quedarme callado.
Lo siento pero vuelvo y vuelvo otro.
Tengo aun demasiadas cosas que demostrarme.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Umbral defiende la blancura en este mundo de tanoréxicos


Mi cuerpo blanco y desnudo. ¿Por qué tan blanco? El vello es sobre todo él un bosque nevado. A mi abuela le gustaba yo por blanco, de niño. Decía que mi blancura me salvaba de mi fealdad. Las abuelas nos crean estos traumas, le dicen al niño estas cosas crudas que no sirven para nada sino para destruirle la urdimbre afectiva, maestro Rof, pero una abuela recia y castellanoleonesa suele ser todo lo contrario de una urdimbre afectiva.

Blanco, digo, blanco de leche, de lirio, de blancura incurable. Ahora la gente blanca se pone al sol para teñirse. Mal hecho. Eso da cáncer. El bronceado es un vestido, un disfraz. Una mujer muy blanca está más desnuda. El pigmento, natural o adquirido, viste, reviste. La carne es ya como el alma, la carne blanca.

Lo que he puesto en las alcobas del amor ha sido una sombra pálida, y lo que más siento, de mi muerte, es que se me irá la blancura, se disipará este conglomerado de nada, perderá densidad esta ausencia de color, verdeamarilla en la cara y lechal en el cuerpo.
Las mujeres se decepcionan de tanta blancura al principio, porque todavía funciona el mito del macho moreno, pero luego se acostumbran y aman lo blanco, pues lo blanco captura más que lo oscuro, es más íntimo y cansa menos. La morenez estraga.

La rubia es menos pecado, dijo alguien. Lo rubio es menos pecado. Y lo blanco ya no es pecado en absoluto.
Los seres blancos nos conservamos virginales y liliales después de todas las aberraciones. No hay quien pueda con lo blanco. La mujer oscura siempre es más pecadora, está como teñida de pecado original. La mujer blanca es siempre el cristal que atraviesa el rayo de luz sin romperlo ni mancharlo. ¿Es esto que digo un racismo de los colores?(...)

Me da pena, digo, pensar que se perderá esta blancura, se diluirá en el aire de mi muerte, como un humo muy blanco y nada más. No me duele perder los brazos, las piernas, la vida, el corazón, el sexo, la pituitaria.
Me duele perder lo blanco, dejar de ser blanco al dejar de ser yo. Me duele más la muerte de mi blancura que mi propia muerte. (...)

Que la blancura de mi piel no sea explícita, demasiado explícita. ¡Ah!, los enigmas de lo blanco, ¡ah!, las oscuridades de la luz. Si la mayor luz es la menor sombra, la mayor blancura es la menor tiniebla. No estoy en blanco por ser muy blanco. Cuidado conmigo. Soy el que soy. Enigmas de la nieve, de la espuma, de la nube. Formas de lo blanco, galerías interiores de un cuerpo claro.

Hace falta mucha simplicidad para tomar por claro lo blanco.
Lo blanco no es lo claro ni lo simple. Lo blanco es tan enigmático, inexplicable e inmutable como lo negro. (...)

Así, según Einstein, lo blanco sería el comienzo del proceso, la luz sin esfuerzo, a favor de la corriente. ¿Significa eso mi blancura? Contra ello he luchado, quizá sin saberlo. Lo blanco como punto de partida. Pero hay que pasar por todos los colores, tránsfuga del arco iris, peatón del espectro solar.

En el sueño, en el amor, en el despertar, mi cuerpo blanco y desnudo.



(Otra vez "Mortal y rosa" de Francisco Umbral, ante el éxito de la anterior entrada)

lunes, 9 de agosto de 2010

Flamenco transgresivo


No sé porqué soy tan oscuro.
La claridad nunca me llama.
La vida es estar seguro.
Y ronear por la mañana.

Mis manos me crujen.
Mis pies me manejan.
Y mi mente espera que suba la marea.

Que no.
Todo no es marrón.
Que yo soy un cualquiera.
Retos. Agua traicionera.


("Cómo apretar los dientes". Migue Benitez.)

Verso de combustión lenta 33

sábado, 7 de agosto de 2010

La ingesta de alcohol reduce la gravedad de la artritis reumatoide


REUMATOLOGÍA
:

La ingesta de alcohol reduce la gravedad de la artritis reumatoide, según los resultados de un estudio que se publica en el último número de Rheumatology. Se trata de la primera vez que este efecto se demuestra en humanos, según explican los autores, que han estado coordinados por Gerry Wilson, de la Universidad de Sheffield, en el Reino Uniudo.


Se ha trabajado sobre 873 pacientes con artritis reumatoide y se han comparado los resultados con 1004 personas sanas. Tras preguntar por el consumo de alcohol a cada persona en ambos grupos durante el mes anterior al inicio del estudio, los participantes se sometieron a cuestionarios, pruebas radiológicas y análisis de sangre. Además, se realizó un seguimiento del estado de sus articulaciones.

James Maxwell, otro de los autores, explica los resultados: "
Observamos que los pacientes que habían consumido alcohol de forma más frecuente tenían síntomas menos graves en comparacióncon los que no habían bebido o lo habían hecho de forma muy poco frecuente". Las pruebas radiológicas mostraron en los bebedores un daño significativamente menor en las articulaciones, mientras que los análisis de sangre revelaron menores niveles de inflamación. Además, este grupo de pacientes mostraba menos dolor, inflamación e incapacidad en las zonas afectadas.

Asimismo,
los no bebedores participantes en el ensayo presentaban hasta cuatro veces másriesgo de desarrollar artritis reumatoide en comparación con quienes han consumido alcohol más de diez veces en un mes. Los resultados son aplicables a ambos sexos tanto en la forma positiva para el péptido citrulinado de la enfermedad como para la negativa.


(Diario Médico del Jueves 29 de julio de 2010, página 10, Medicina)

viernes, 6 de agosto de 2010

Esta corporeidad mortal y rosa donde el amor inventa su infinito


Este alarde eréctil va dirigido contra la nada
, contra una mujer inexistente de sombra y sueño, vano fantasma bequeriano de niebla y luz. Es la prepotencia sin deseo, la pura mecánica del sexo que descubre en mí lo que tengo de émbolo, de máquina y de antropoide. Con una mujer delante, todo sería de dimensiones humanas, correcto, eficaz y razonable. Así, no es sino un último alarde innecesario de la selva que me habita, una naturaleza descalabrante, una barbaridad. A este mecanismo que responde solo, a este juego de palancas le hemos puesto literatura, matices, alejandrinos. ¿Qué es el amor cuando ningún amor podrá conseguir una demostración como la que consigue la presión del paquete intestinal y las féculas contra la espina dorsal?

El que trabaja con las manos, el que vive por sus manos es más fiel a la estructura y el destino de la mano. Yo, que he reducido mis manos al picoteo del teclado, al ademán de la conversación, al secreto de la caricia, tengo las manos atrofiadas. Manos de pianista, se dice. La garra de la selva ha conseguido tensar los arcos de la música, y las manos van pasando lentamente de la luz a la sombra, o de la sombra a la luz, de la selva al salón, de la cacería a la cultura, del crimen al poema.
Hemos hecho toda la cultura con manos de asesino. Para coger la pluma, a la mano le sobran dedos y al hombre le sobran manos. Las manos juegan en el amor. Son importantes. Las manos tienen un código, hablan en el amor, y actúan. Las manos, en el amor, son aves, y los pies son piedras. Es muy fácil que la mano se torne garra sobre el cuerpo de una mujer. Ir a la mujer con manos de pianista mejor que con manos de ladrón. Que la mujer no se sienta saqueada, sino templada, pulsada, afinada.

Mirando de nuevo una carne profunda, la llaga secreta, la respiración submarina de los sexos, triste avidez en que mi boca genital se deshumaniza, se vaginiza en el diálogo pútrido con esa ciega herida tornada a su vez en boca, horriblemente, y diciéndome palabras de légamo, silencios de pelo, sonrisas de sangre
. Sabor de matadero y secretos eréctiles que me vuelven a dar, por un momento, el párrafo oscuro, acre y herido que es un cuerpo de mujer.


("Mortal y rosa". Francisco Umbral)

miércoles, 4 de agosto de 2010

El metilfenidato podría ser útil en el tratamiento de la adicción a la cocaína


PSIQUIATRÍA
: DÉFICIT EN EL AUTOCONROL

El metilfenidato, un psicoestimulante empleado en el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), podría ser útil en las adicciones, concretamente la de la cocaína, según demuestra un estudio que se publica hoy en la edición electrónica de PNAS.

En el trabajo, un grupo de investigadores ha administrado metilfenidato a una serie de voluntarios cocainómanos. Con la ayuda de imágenes de resonancia magnética, los científicos observaron los cerebros de los voluntarios mientras realizaban una prueba de control de impulsos.

La prueba en cuestión consistía en presionar un botón cuando vieran la palabra "vamos" en una pantalla. Sin embargo, a veces la palabra "vamos" iba rápidamente seguida de "para", y entonces debían abstenerse de pulsar el botón. La tarea, según explican los autores del estudio, está ideada para reproducir una carrera de señales cerebrales: para suprimir un impulso, el cerebro debe haber asimilado la señal de detención completamente antes de que se haya iniciado el movimiento hacia la acción.

Los científicos, encabezados por Chiang-shan Ray Li, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Yale, en New Haven, indican que el metilfenidato mejoró el control del impulso en los sujetos y, además, la resonancia magnética reveló actividad en la corteza frontal, donde se localiza la capacidad inhibidora.

(PNAS DOI: 10.1073/pnas.100246717).


(Diario Médico del Martes 27 de julio de 2010, página 12, Medicina)