lunes, 17 de abril de 2017

31, Joan Fontaine Odisea (AFM) / Oporto abril '17

"Por empezar con un clásico de Auserón,
un día más me quedaré sentado aquí,
en la penunbra de un jardín tan extraño,
barremos autopistas sabiendo exactamente
quienes somos si algo nos hace sufrir, y sin saber
quién vivió la felicidad que el azar nos tenía asignada,
parpadeamos y batimos ante un mismo relámpago
con la esperanza de que una voz nos diga
te espero, guarda para mí los kilómetros
que vienes quemando,
y al instante el trueno nos recuerda que al fin somos
no más que una tumoración florecida en la luz, un cuerpo
que llegó, creyó soñar y dejó aún menos que los animales,
quienes al menos dejan
conductas repetidas.

El tiempo
empieza después.

Heráclito dijo, el cosmos más bello
es basura esparcida al azar, lo que no dijo
es que esa sola frase pone en marcha
la duda de toda una vida: Dios no tiene unidad.
¿Cómo la tendré yo?
, atormentó a Pessoa.
Nunca sabremos si vivimos tapando vacíos o
vaciando quimeras, ni si aún seguimos siendo
el niño que agarrando una muñeca
ríe junto a su hermana en la fotografía,
ni si el silencio abisal de las fotografías
es la prueba más fiable de que la muerte quedó atrás,
[siendo así, ¿qué nos espera?]
Una certeza: los versos son la forma
más amable del desamor aunque dilaten
el dolor de la herida, y ahora
a seguir adelante
[gracias Andrés por la frase]
con farmacia y con aguante.

Perder un amor equivale
a perder todos para siempre.

Lyotard vino a decir, se pisa humo,
y la hoguera está en tu cabeza,
lo que no dijoe es que eso ya todos lo sabíamos,
que desde Altamira el hombre no ha cesado
de inventar cosas inútiles, palabras como amor, 
compañía, felicidad; incluso vida. 
Lo dijo Woody, pero de otra manera,
la vida es como un campo de concentración.
Hagas lo que hagas no puedes salir de él sin morir. 

Por eso necesitamos pensar que donde
termina el asfalto empieza la divinidad que no vemos,
estrecha es el alma, confesó San Agustín,
para contenerse a sí misma, y a pesar de todo
nos empeñamos en ser automóviles que
sin piloto ni luces se cruzan en la noche,
hacia su propia luz cada cual teledirigido,
hacia su propia sombra cada cual teleperdido.
No queda aún la última gasolinera,
el último desayuno en el shopping center,
un último vistazo al mapa de carreteras
cada vez más blanco y negro. Otro latido
menos amargo en los ojos azules de la cajera
antes del que será el último control de alcoholemia,
te dices,
nos queda.

Por terminar con el mismo clásico,
soy metálico en el Jardín Botánico."







(poema indeleble de Agustín Fernandez Mallo, número 31 de su Joan Fontaine Odisea, releído recientemente a tiempo en mitad de una autopista portuguesa desierta. De regalo los enlaces a las dos canciones que en el poema ocurren y a una más posterior que se me ocurre porque las palabras, se escurren)


lunes, 27 de marzo de 2017

Hierro y Níquel (y si me dieses una pista..)




"Dicen los sabios doctores
que la ausencia causa olvido.
Yo soy uno que no puede
olvidar que te ha querido."

domingo, 26 de marzo de 2017

youtube

Se conocieron así.
A través de un gesto mutuo
infinitamente paciente
de amor distante y resignado.

Uno publicaba en su muro de Facebook videos de canciones en Youtube.
El otro buscaba las letras y se adivinaba en cada verso.

Distantes y resignados también
así
se fueron desconociendo.

martes, 14 de febrero de 2017

Travessera de (ninguna) Gràcia

2017 llueve tal vez
de un modo inconsciente todos
creemos merecer (algo que se aleja).

Barcelona brilla rota
como un botellín desenfocado.
casi ella, sólo frío. fuga intravenosa
esquirla, desmemoria,
océano.

desandar
todas las noches
de una ciudad, desaprender quizá
casi una vez su mirada. por el suelo
llovido (te extraño)
Barcelona brilla rota
y éramos
sólo un desagüe de bocas ciegas
sangrando
2017 llueve Barcelona mirada la vida
siempre acaba
(defraudando).


domingo, 12 de febrero de 2017

Palabralgia

"Mamihlapinatapai" es una palabra del idioma de los nativos yámanas de Tierra del Fuego, listada en el Libro Guinness de los Récords como la "palabra más concisa del mundo", y es considerada como uno de los términos más difíciles para traducir: 
"Una mirada entre dos personas, cada una de las cuales espera que la otra comience una acción que ambas desean pero que ninguna se anima a iniciar".  

(recorte digital de la revista Negratinta)

sábado, 14 de enero de 2017

Tony Pagoda y sus amigos, de Paolo Sorrentino

"Y por la noche retomo mi vida de viejo. En el silencio de mi casa, sentado solo en la cocina contra la modesta luz de la araña, me como unos albaricoques que extraigo con destreza de unos papeles de periódico. Detengo la mirada sobre un artículo que he visto impreso en el papel arrugado del periódico. Todavía conserva el perfume de plomo y albaricoque. Habla de las diez razones por las que merece la pena vivir. Me apasiono. Y leo esa lista en la que predominan las cosas bonitas. Los hijos que dicen papá, las puestas de sol, la fidelidad, los mares celestes de Tavolara y Salina, los esposos y esposas que llevan juntos treinta años, las miradas ardientes de los enamorados, los despertares con el olor del compañero al lado, la pizza margarita, los indelebles recuerdos de la escuela, la amistad pura.
En resumen, un gran repertorio de experiencia y ternura flota en esas listas de la felicidad redactadas por gente común. Y es en ese mismo momento cuando me doy cuenta de que ese repertorio, ¡ay de mí!, no me pertenece. No consigo compartir con ellos la misma experiencia. Un estremecimiento de sufrimiento me atraviesa. Porque, desgraciadamente, vivo con la maldita, insoportable convicción según la cual el alma humana tiene facetas que van más allá de sus buenas intenciones.
En homenaje a estas convicciones y por respeto a mi verdad, he decidido escribir mis diez motivos por los que merece la pena vivir.
Ahí van:
1. La exaltación impagable de irse a la cama exclusivamente con las mujeres de los demás.
2. Intentar vivir honestamente, no conseguirlo, y decir con satisfacción que los has intentado.
3. Volver a casa infelices e indefensos, pero sin sentido de culpa.
4. Constatar, con una sonrisa, que la resaca ha sido inferior al pico de excitación proporcionada por las drogas y el alcohol.
5. Decapitar, con un sable antiguo, las cabezas de todos los padres obsesionados exclusivamente con la educación de los hijos.
6. Meter la cabeza debajo de las sábanas después de haber practicado, a intervalos regulares, el noble arte de la aerofagia.
7. Cruzarse por la calle con gente que conoces, mirarles directamente a los ojos, y no saludarles.
8. Duda de la inteligencia de las personas consideradas por unanimidad inteligentes.
9. Descubrir, pero desgraciadamente no sucede nunca, que todos están conspirando en tu contra.
10. Los ojos secos de las madres.
Habría también un onceavo: los ojos secos de los padres que no hemos tenido."

"...Le digo al taxista el nombre del hotel, pero a lo largo del trayecto veo un quiosco donde se venden perritos calientes y le pido que me deje allí mismo. Así estoy: en frac tomando un bocadillo, rodeado de seis adolescentes borrachos que arman jaleo. Sueltan frases en alemán. No entiendo nada. Pero, naturalmente, se puede percibir el ritmo y la atmósfera de las cosas que dicen. ¿Y sabéis qué descubro? Se están divirtiendo. Con nada. Con seis cervezas de un euro y tres bocadillos que comparten. Dos se besan en la boca porque han descubierto que se quieren. Otro los divierte imitando a alguien desconocido para mí. Otro disimula un eructo. Exóticas bellezas. Ríen de pronto, simplemente porque se han mirados los unos a los otros. No valen una mierda, nada, y sin embargo son un concentrado de dignidad insólita, elegante, objetiva.
Son la juventud, tal y como tiene que ser.
Perder el tiempo, ociosamente, para descubrir poco a poco todo lo que la vida tiene para ofrecernos: la amistad, el sexo, el dolor, la inseguridad, la vorágine, el enamoramiento, el resentimiento, la envidia de aquel que se ha quedado solo porque aquellos dos se están besando. Los miro con descaro, con insistencia, y formulo un pensamiento muy simple: aquí es donde debería de estar la tal Ruby. Tendría que estar en medio de estos chicos. Y también todas las demás que van arriba y abajo de la misma manera, si tan solo supieran lo que se están perdiendo al no estar aquí con estos seis austriacos frente al quiosco de los cojones.
En cambio, se creen muy listas haciendo cosas de viejos, cosas que la vida te condenará a hacer más adelante: shopping sin parar y novios canallas, padres carroñeros, relaciones instrumentales y hermanos rufianes.
Les querría decir; habrá tiempo para estas cosas, pero por ahora id con los chicos de vuestra edad a decir tonterías hasta las tres de la madrugada, pasad de todo lo demás. Es aquí, delante de todos los jodidos quioscos de todas las ciudades, donde anida la belleza, no a bordo de los coches por cortesía y en las falsas discotecas de las casas privadas de los ricachones que manotean a diestro y siniestro..."

"Al final no queda otra que buscar un espejo para decirse con desconocida sinceridad: eres un subnormal."

(fragmentos geniales de la genial novela Tony Pagoda y sus amigos, de Paolo Sorrentino, descubrimiento reciente de personita cercana que agradezco hasta el infinito ;-)