jueves, 26 de marzo de 2015

aniversarios de combustión lenta

"Adonde yo no puedo ir es
más allá de tu despedida.
(...)
La vida es un libro que se borra
al ir leyéndolo
y los aniversarios un invento
para recordar que estamos solos.
Nunca volvió a acumular
tanta belleza tu cuerpo."

(fragmentos de Joan Fontaine Odisea, de Agustín Fernandez Mallo)

viernes, 20 de marzo de 2015

Gilipollas

Encríptate hasta lo imposible.
Y luego espera toda la vida a que alguien que no existe quiera resolverte.

martes, 17 de marzo de 2015

esa extrañeza sin pena

lo que queda
cuando tu cuerpo lava una droga
esa extrañeza sin pena de las últimas moléculas
surcando tus arterias renales
ese silencio de neurotransmisores

lo que queda
cuando tu memoria lava una mujer que se ha ido
(todas se van) su olor
hasta cuándo en tu piel sus últimas células
hasta cuándo en tus recuerdos
la necesidad de más drogas que los borren
que no puedan borrar
lo que queda cuando ya nada queda

esa extrañeza.

miércoles, 25 de febrero de 2015

temperatura estable

rendirse al puzzle extraño
de carne estéril memoria vacío
fragmentos idénticos
miedo flotando desmembrado
a un sueño cíclico
cianoacrilato
contra un saliente nublado

albergar al menos en tu sangre
un cáncer discreto
que te borre pronto

ser grumo
de silencio en bolo intravenoso.
fluir desapacible.
esquivar la furia dulce
no conquistar
nunca la distancia nunca
la intensidad, ese recuerdo
en dilución infinita

rozar quizá el alivio
de no existir en el futuro
recuerdo de nadie

absurdo todo inútil
para conservar a temperatura estable
en el recipiente hermético de tu mirada muerta
la luz eterna del invierno de 2011

jueves, 5 de febrero de 2015

No es amor, idiotas.
Es refugiarse del invierno en otro cuerpo.

lunes, 26 de enero de 2015

C8H10N4O2

Una vez dijiste que había química.
Recuerdo mientras cambio C8H11NO2
por C8H10N4O2
y así escapar al C16H13N2ClO.
Entre nosotros. Eso dijiste. Química.
Yo la sigo teniendo.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Indolencia (2ª parte)

El monzón descarga sobre Main Bazar y me refugio en un puestecito de venta de inciensos. El tendero me invita a sentarme junto a él y mascar nuez de areca en hoja de betel hasta que amaine. La luz se va y vuelve en varias ocasiones mientras el agua golpea las uralitas, y bromeamos al respecto en un nefasto inglés. Salgo de allí sorteando charcos y ciclorickshaws, e identifico entre la muchedumbre a Antonio, un ingeniero de caminos sevillano que conocí callejeando por Benarés. Le propongo comer juntos en Sam's bar y resulta ser hermano de una rehabilitadora y novio de una psiquiatra del Virgen Macarena. Me cuenta su experiencia viajando por Rajastán y Bombay mientras devoramos palak paneer y arroz basmati con salsa de menta.


Nos despedimos y paso mis últimas horas en Paharganj adquiriendo baratijas. Ese deporte nacional que es aquí el regateo, me pareció al llegar a India una irritante pérdida de tiempo, un ridículo cortejo comercial para ociosos. Ahora, me resulta un modo divertido de interaccionar con gentes locales y hasta me sorprendo escenificando un teatrillo que logra las sonrisas socarronas de los buhoneros y un buen precio por una figura en resina de Visna y unos colgantes de tela y bayas.


La cantidad de suciedad bajo mis uñas indica la duración de ni estancia en India con un margen de error de unas 36 horas. Visito Jama Masjid y observo todo Vieja Delhi desde el minarete de 40 metros de altura tras 139 peldaños en espiral. Visito Qtab Minar y me enamoro de la mujer del vestido rojo como en el interior una versión oriental de Matrix. Visito Lodi Gardens y no me desenamoro de nada. Anochece y la temperatura sigue siendo asfixiante. Me acomodo bajo el chorro de aire acondicionad en la recepción del hotel Prince Polonia.Veo un partido de Kabbadi en la televisión por cable (y no entiendo nada). Pido garlic naan y whisky solo. Duermo unos minutos. 




Me despido de Delhi. Descomunal en su indolencia. Con sus calles infinitas y ulceradas de pobreza y tiempo. Seguirá a mi espalda, agotadora de belleza, saturando todos los sentidos, y en todos los sentidos, a algún joven turista europeo. Ciudad armada de ojos alegres de niños sucios. Ojos gritando una vitalidad insultante en un idioma extraño. Me despido de Delhi sabiendo que en este lugar la poesía no tiene sentido.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Indolencia (India norte, agosto 2014)

Madrugada del 18 de agosto: fin de fiestas patronales, olor a sudor y pólvora en mi camiseta de peña, arena entre los dientes y electroswing todavía moviéndome los pies. Veo mis ojeras reflejadas sobre el suelo encerado de la terminal 2, Barajas. Parejas se despiden en una atmósfera ridícula de luminosos duty free, un molestisimo ambientador neutro y policías nacionales de teleserie mala. Yo espero a facturar sentado contra el sueño y mi mochila de 30 litros. Suena en mis auriculares Nat King Cole cuando me abordan dos chicas italianas con alguna escusa nefasta. Aparentan mi edad y apestan a alcohol. Sonrío. Despotrican contra la última película de Paolo Sorrentino. Ya no tanto. Nos hacemos una foto. El avión llega a Zurich, donde hago escala y no vuelvo a verlas. Despego del suelo de nuevo, nunca del todo del sueño. Parece que esto empieza y no me lo creo.


Aterrizo y en otro planeta. India es una prueba de tolerancia al caos, la suciedad, el calor, la pobreza. No me hace falta perder el control, porque aquí absolutamente nada está en mi mano (sudada siempre). Intento disfrutar del fenómeno. Y todo huele a especias y baño químico festivalero desde que yo sólo huelo a protector solar y Relec forte. Todo es una imagen saturada, para unos ojos sumergidos en ácido lisérgico. India no es una prueba de tolerancia al caos, la suciedad, el calor y la probreza. Es un test de identidad no superado. Y yo lo afronto por supuesto desde mi escepticismo espiritual un poco infantil, quizá por falsamente digno.


Hoy he llegado a Agra descubriendo el teletransporte en 2 mg de Lormetazepan. Mis arterias derramadas en un tren-cama hecho de óxido, llantos de bebé e insectos como puños. Qué placentera extrañeza el saberse arrojado 12 horas y 610 kilómetros en sólo un cerrar y abrir los párpados. He venido a India sin motivos conscientes. No busco ni huyo. Sé que viajo desde y para un vacío sencillo de ignorar. Miro mi vida en España como una rueda de hamster y con cierto orgullo.
Me alojo en Friends Paying Guest House, de ventiladores averiados y regentado por un anciano orondo y risueño, constantemente drogado. Pues claro que he venido a India, y menos mal, sin motivos conscientes. Pero hoy, a la orilla del rio Jamuna, bajo la sombra imponente del Taj Mahal (esa cárcel fúnebre de amor y siglos sobrevolada por milanos negros) me he dado cuenta: estoy aquí para decirme que no.  


domingo, 21 de diciembre de 2014

"Ocultar esto"

Avanza diciembre como el autobús que pierdes
o un cáncer que te gana.

Sigue abierta, a deshora, una frutería árabe.
Los mendigos sueñan en sucursales bancarias.
Otro control policial en la glorieta de Embajadores.

A veces tu mirada. Casi siempre invierno.
Más importante que saber perder(se):
saber ser perdido.
Y a tiempo.

Llueve resaca.
Caen mis ojeras
siempre sobre tu nombre, caen
mis arterias con sueño de tanto
dióxido de nitrógeno,
de tanto odio
a los pacientes que sangran esta noche en Urgencias
y Facebook me pregunta cuales son mis recuerdos favoritos.

Yo conducía y tu sonabas ya como a postdata.

Y desde entonces sólo he sabido
tumbarme a esperar
al pasado
en el fondo de un vaso
rotos
ambos.

¿Porqué estamos parados?
Habrá habido un accidente
de tráfico.
De sueños
o de órganos
(no vitales, nunca).

Y desde entonces sólo he sabido
tragarme el pánico a esta percepción de realidad pausada.
A la sensación de reanudación inminente,
de algo terrible
siempre a punto de suceder.

(Salgo del portal.
Un hombre busca en la basura
y cuando levanta la cabeza
temo reconocer a mi padre)

Llueve resaca.
Yo me diluyo en semanas como la sangre
de mi nariz en el Manzanares.
En este lirismo ridículo de los domingos.
En la falta de sueño y el exceso de excesos
y palabras.

Atravieso en bicicleta
la ciudad y la tarde.
Pedaleo contra el frío y los semáforos.
Quizá para estrellarme contra unas lágrimas explicables.
Quizá para atreverme alguna vez
a atravesarte.

Pero claro que no existes,
Mi búsqueda ebria te ha creado.
Y sigo cavando en el aire de las noches
esas piernas donde enterrar un futuro cirrótico.

Facebook me pregunta cuales son mis recuerdos favoritos.
Propone: "Compromiso", "Se casó", "Nacimiento de un hijo"
...
Hago click (un poco fuerte) sobre "Ocultar esto".

Acumulo folletos de comida a domicilio.
El Estudiantes vuelve a perder en casa.
Otro paciente que me sonríe y morirá en este ingreso.
Sube el paro, los deshaucios, los suicidios.
Brindo con lluvia por el sueño químico,
olvido químico,
castración química.

Pensar a veces, qué bonita estarás así,
desprovista ya
de mi deseo.

Pensar a veces,
que en realidad todo va bien y no me sirve.

Facebook me pregunta cuales son mis recuerdos favoritos.
Y yo sólo sé
cuales me siguen matando de miedo.

Aquel puñal de lejía saltando
desde unos ojos huecos.

Tu mirada, todavía.

Haciendo del mundo siempre
mi herida única.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Extraviarse en lo remoto (Sáhara)

Aridez y silencio.
Bebo
a morro de la botella de Tullamore Dew
sentado sobre esta duna parada
a medio abducir, como un teleférico averiado
entre las grietas del suelo y esta luna cansada
de congelarme el sueño.

Aridez y silencio.
Bebo y respiro
esta inmensidad enterrada
como un perro muerto al que quisiste.


Aridez y silencio. Más silencio.
Bajo un cielo rajado de cometas, yo meo whisky
en la tez curtida
de una tierra fuera del tiempo.

A lo lejos chillan los dromedarios.
Sigo bebiendo y a veces pienso,
para nada,
en esta desertización imparable de mis días
como un exotismo divertido y peligroso
que me arrastra.
Inquieta tanto silencio. Y la duda
de si es paz o vacío
esta falsa libertad que siento.

Crecen rompiendo el aire
hierbajos quemados y miento:
he venido al desierto
a infectar de presente mis arterias torcidas,
a secar de frío esta flor rabiosa y malcriada
que es la metástasis ulcerada
de un recuerdo.

A extraviarme en lo remoto como una esperanza.
He venido al desierto a desertar
de mí. De algo en mí
que ya no eres. Que quizá no pueda
ser ya nadie.


Aridez y silencio.
Bebo y me llueven estrellas
como colillas mal apagadas sobre el cortavientos.
Yo venía al desierto a algo, pero de eso hace ya tantos silencios
que en lugar de acordarme, mejor
sigo bebiendo.

https://www.youtube.com/watch?v=h81oiF7VIOw
https://www.youtube.com/watch?v=tgY7aDZpqMk
https://www.youtube.com/watch?v=_swc9EXdid0

(Fotografías de Ignacio Mateo Sagasta)

lunes, 27 de octubre de 2014

un suelo firme

No es dificil de entender:
algunos tragos después,
arrastro una muerta que tuvo tu cara.

lunes, 13 de octubre de 2014

radiaciones (poema de poemas de otros)

"Vives mal cuando es para tí mismo"
(Michel Houellebecq)

"Todo está ahí, esperando que se lo haga volver."
(Javier Marías)

"Mi madre, ese féretro de células y cáncer, sin ninguna duda, me debe estar soñando."
(David Meza)

"y una luna como puesta allí por el Ayuntamiento."
(Francisco Umbral)

"Pero yo sigo sin ser otro"
(Escandar Algeet)

"... que veo trozos de ella por todas partes, y los demás sois gente."
(Neorrabioso)

"Aún no nos hemos exigido la mutua abolición o aniquilamiento, del que cada uno era y del que nos enamoramos."
(Javier Marías)

"Me pregunto si será esta libertad tan sólo una palabra desde la que echar de menos a alguien." (Californication)



"-No creo en las mujeres, Jonás. Tú has creído demasiado en las mujeres, eres un sabio y no sabes lo que es una mujer. En cuanto se pinta la boca por primera vez, cualquier mujer se ha convertido en una puta, aunque siga virgen hasta la muerte. En cuanto se pintan las uñas de morado o de verde les sale la puta que todas llevan dentro, y una puta es una mujer frígida que sólo ve en el hombre un beneficio, que sólo quiere dinero, oro y todo lo que halague su narcisismo. Ay el narcisismo femenino, Jonás. Tú has creído demasiado en ellas y eso te va a perder. Ahora mismo andas con Ada, esa puta internacional, que fuera de España andaría por las esquinas, y engañas con ella a una amigo como Defoe, pero Defoe y Ada, a su vez, te engañan a tí. No hay más que las pardalas, Jonás, la adolescente de una noche, recién llegada de Vallecas, que toma el Metro hasta la plaza de Jacinto Benavente y se alquila por un dinero que ni ella sabe si es mucho o poco. Llega una edad en que un hombre, si ha tenido mujeres, ya sólo puede creer en eso, Jonás. La mujer es egoísta, frígida, peligrosa y estúpida. Mis pardalas todavía me llegan con calor de establo, oliendo a leche de cabra, que es a lo que les huelen las tetas. Soy un hombre enfermo, voy a morirme pronto y miro todos los amaneceres, antes de acostarme, la bandeja cósmica que nadie ha creado. Tengo una foto de Einstein, de una revista, y le rezo a Einstein todas las noches".
(Francisco Umbral)


viernes, 18 de julio de 2014

de rastros de rostros y otros arrastres

Dicen
que si temes identificar un rostro concreto entre la gente
durante mil doscientos días de rostros de gente
(pasillos de hospital, pasos de cebra en Gran Vía,
gimnasio, terrazas de Lavapiés,
cajas del Mercadona, conciertos).
Dicen
que si pudieras analizar con minuciosidad de morfólogo
de la policía científica,
cada uno de esos rostros anónimos que
te cruzas con miedo,
miras aturdido y
compruebas aliviado
para olvidar al instante y para siempre
(para siempre seguir temiendo).
Dicen,
que el sumatorio total de todas las desviaciones
de cada rasgo facial, de cada gesto
(de esos cientos de miles de rostros borrados)
respecto a un estereotipo estándar de retrato robot,
daría como resultado final,
exacta y precisamente,
su cara.
Esa puta cara que llevas evitando con pánico cuarenta meses.

También dicen
que si pudieras verla de una vez,
te extrañaría no sentir
dicen,
(y siguen diciendo,
y casi les crees)
absolutamente

nada.

miércoles, 16 de julio de 2014

Madrugada sin palomas, de Xelo Candel


"Despierta el pueblo sin palomas.
Mujeres ciegas llevan rosas en la boca,
su grito sordo llega hasta el sereno hueso
de la tierra, cada golpe es una derrota,
la espera es una calle herida,
una acera a la deriva, dispersa,
con las manos abiertas ante los hombres.

Desconoce el alba que le fue prometida.

No hay mañana bajo aquellas nubes.
Nada más bajo los ojos, cristal helado,
escombros que no son ya carne,
que no son aún olvido,
que no son luz ni miedo.

El niño azul cubre de pájaros
encendidos la noche, inmenso el mundo
en las extrañas ramas de la vida
viste su desnuda espalda sin luna
con el corazón extendido y luminoso.

Es el cuerpo de otra ciudad sin nombre".


(Madrugada sin palomas, poema de Xelo Candel, extraído de la antología En legítima defensa, poetas en tiempos de crisis.)

martes, 15 de julio de 2014

Haiku del residente cansado

No necesitar.
Y otras libertades falsamente tristes
como este saliente de guardia.