martes, 14 de febrero de 2012

Nocilla Experience, de Agustín Fernández Mallo


"Sandra hace el vuelo Londres-Palma de Mallorca. Apenas 1 hora en la que el giro de la tierra se congela. Hojea la revista British Airways News. Reportajes de vinos Ribeiro, Rioja, las últimas arquitecturas high-tech en Berlín, ventas por correo de perlas Majorica. Sobre una foto de una playa del Caribe le cae una lágrima, pero no por culpa de la playa, ni del Caribe, ni de la gravitación que le es propia a las lágrimas. Mira por la ventanilla, lleva los ojos al frente. Ni nubes ni tierra. Constata lo que ya sabía: en los aviones no existe horizonte."

"...El radio de acción, el banco de pruebas para su constatación, no pasa de 2 o 3 manzanas en torno a su azotea. En el barrio encuentra todo cuanto necesita: comestibles, conversaciones banales y ropa de temporada en tergal. La pretensión de su teoría consiste en demostrar con términos matemáticos que la soledad es una propiedad, un estado, connatural a los seres humanos superiores, y para ello se fundamenta en una evidencia física bien conocida por los científicos: sólo existen en la naturaleza 2 clases de partículas, los fermiones [electrones y protones, por ejemplo] y los bosones [fotones, gluones, gravitones, etcétera]. Los fermiones se caracterizan por el hecho, ampliamente demostrado, de que no puede haber 2 o más en un mismo estado, o lo que es lo mismo, que no pueden estar juntos. La virtud de los bosones es justamente la contraria: no sólo pueden estar varios en un mismo estado y juntos, sino que buscan ese apilamiento, lo necesitan. Así, Marc toma como reflejo y patrón esa clasificación para postular la existencia de personas solitarias que, como los fermiones, no soportan la presencia de nadie. Son éstas las únicas que le merecen respeto alguno. Aparte, están las otras, las que como los bosones se arraciman en cuanto pueden bajo asociaciones, grupos y demás apiñamientos a fin de enmascarar en la masa su genética mediocridad. A estos últimos Marc los desprecia, por eso no es extraño que a él no le importe cómo marcha el mundo, ni si hay pobreza o riqueza, ni si sube o baja el precio de la fruta o el pescado, ni las manifestaciones, colectividades, partidos políticos, religiones u ONGs. Por supuesto, tiene por auténticos modelos de vida elevada, de vida esencialmente fermiónica, a Nietzsche, Wittgenstein, Unabomber, Cioran y sobre todo a Henry J. Darger, aquel hombre que jamás salió de su habitación de Chicago. Además, Marc, como todo fermión, hace tiempo que dejó de frecuentar mujeres y amigos. Su única conexión estable con el mundo es la red internauta..."

"Mihály piensa a menudo en Maleva, se pregunta qué habrá sido de ella. En las avenidas vacías el frío cuartea la pintura de los grafitis, dándoles un carácter de imposible mapamundi. La ciudad, con la nieve a una altura de 3 pisos, parece más que nunca un embalse a media capacidad en el que despuntaran antenas y azoteas. Los semáforos siguen encendidos bajo el hielo y cambian de color dándole al suelo, sucio pero cristalino, un aire de fiesta vacía. Los fragmentos de edificios y bloques que aun quedan  por encima de la nieve han sido cubiertos por unas grandes caperuzas de tela de algodón, construidas con sábanas rescatadas de los antiguos campos de concentración de Siberia y diversos hospicios, cosidas las unas a las otras; como no se lavaron, en esas telas hay de todo. Así que da igual estar bajo el hielo que por encima de él, porque en todo caso el horizonte es vertical y blanco, y nada se ve. La idea de esas caperuzas de algodón había sido de un conductor de autobús llamado Jodorkovski, que hacía una vez al mes la ruta que va de Ulan Erge a Berlín. (...) Mihály toma un café en el office que hay junto al quirófano, piensa que quizá Maleva esté ahora en la planta baja de alguna casa, bajo el nivel del hielo, sentada en una silla ante el fuego de una chimenea escuchando una casete de Lou Reed, o quizá más arriba, cubierta por una caperuza blanca, inventando un horizonte. (...) Da el último trago al café y regresa a la sala de operaciones, otro crío con apendicitis. Ya son 15 en lo que va de año. Sabe ya lo que se encontrará, una cápsula de Yodo 125 radiactivo alojada en su apéndice."


(fragmentos extraídos de Nocilla Experience, el libro que me tiene absolutamente fascinado, de Agustín Fernández Mallo, y del que seguiré subiendo maravillas partidas de esta especie)

2 comentarios:

mvua dijo...

Es que es brutal.

Ele dijo...

Pues ya sabes, que tú me lo descubriste con el otro...