martes, 25 de octubre de 2016

Ante todo no hagas daño, de Henry Marsh

"Cuando estamos en un hospital, enfermos, temiendo por nuestra vida y a la espera de una cirugía aterradora, tenemos que confiar en los médicos que nos tratan. Si no lo hacemos así, la vida se vuelve muy complicada.
Muchas veces, para superar nuestros temores, incluso atribuimos a los médicos cualidades sobrehumanas. Si la operación es un éxito, el cirujano es un héroe; si fracasa, es un villano.
La realidad, por supuesto, es completamente distinta. Los médicos son humanos, como el resto de nosotros. Gran parte de lo que ocurre en los hospitales es cuestión de suerte, y la suerte puede ser buena o mala. El médico pocas veces tiene control alguno sobre el éxito y el fracaso. Saber cuándo no hay que operar es tan importante como saber operar, y la experiencia en lo primero es más difícil de adquirir.

(...)

"Cuando hablo con mis pacientes la víspera de la cirugía, trato de no hacer demasiado hincapié en los riesgos, pues son aspectos que prefiero discutir con detalle en alguno de los encuentros anteriores. Intento tranquilizarlos y reducir su miedo, aunque eso signifique que aumente mi propia ansiedad. Para mí sería mucho más fácil llevar a cabo una operación difícil si le dijera de antemano al paciente que es terriblemente peligrosa y que hay bastantes probabilidades de que salga mal, ya que entonces, si en efecto no sale bien, quizá la dolorosa responsabilidad que sentiré será un poquito menor."


(fragmentos de Ante todo no hagas daño, de Henry Marsch. Un regalito inesperado de Maracast, rareza irreconciliable de discípula sometida y a la vez un poco amiga. Gracias)