sábado, 19 de julio de 2008

Ferrovialgia postpandrial


El tren es una víscera hueca
repugnante y metálica.
Con su traqueteo peristáltico,
implacable.
Un intestino articulado,

en hierro y cristal.

Y nos ha engullido.

Con sus prótesis mecanizadas.
Aluminio y plástico.
Su inervación catenaria.
Con sus válvulas ileocecales
de caucho y pliegues,
entre vagón y vagón.

Nos expulsará al exterior,
ya transformados.

Antes, ha de absorbernos.
Paralizados.
Presos de su motilidad agónica.
Previsible. Certera.
Mutilados por sus compuertas.
Sumidos en la embriaguez venenosa
de la megafonía y los letreros.

Nuestra bioquímica insignificante
de cuerpos imperfectos y vestidos.
Que miran sus relojes y tuercen el gesto.
Nutrientes.
Nutrientes para su metabolismo frenético,
sincronizado,
deletéreo.

Con sus necrosis alfabéticas
a eding y spray.
Con su flora de parásitos urbanos.
Silenciosos. Invisibles.
Y el efecto ulceroso de algunas mochilas.

Antes ha de absorbernos.
A pesar de que algunos viajeros

resultemos en ocasiones,

algo indigestos.


3 comentarios:

e dijo...

no sabía que tenías este espacio (?)

en japón hay tíos que se dedican a arrimar a la gente para que entre más gente en el tren. sería una especie de calzador de mierda en un tripa biomecánica. no lo he visto, pero tampoco es algo que quiera ver.

salud!

martes dijo...

no ceas que me voy a ir tan fácilmente.

Sh dijo...

doctor...
¡me duele el verano! me duele volver ¿no será madrid una enfermedad?
doctor, sueño todas las noches que me despierto en la playa. creo que sigo de escapada. sufro de flashbacks que no me dejan continuar con mi vida diaria.
ayer mismamente, me desperté de pie, hablandole a la nada sobre la noche. doctor, ¿tendrá que ver mi fetichismo con todo esto? ¿puedo volver a tomar hortalizas? ¿qué dice su mujer de su bigote?