domingo, 13 de julio de 2008

Huye de la ciudad


Tal día como hoy, hace ahora cinco años, Jose desapareció de casa.

Antiguo pastor, su llegada a Madrid resultó demasiado para él. Trabajaba como pastelero en Fuenlabrada, pero a sus 42 años fue incapaz de adaptarse a la vida de la gran ciudad.

Como Dersu Uzala, el célebre cazador de la película de Kurosawa, echaba de menos los horizontes abiertos de su León natal. Y la naturaleza salvaje. “Yo soy libre, no soy esclavo de nadie”, justifica.

Despedido por la empresa no se lo pensó dos veces. Se compró un puñal y, metiéndolo en un macuto junto a un mechero y cuatro anzuelos, decidió regresar caminando campo a través hasta su pueblo, Villamuñío, cerca de Sahagún. Ni dinero, ni carnet, ni teléfono, ni siquiera mapas. “Iba de supervivencia, como los animales, orientándome por el sol a ver hasta dónde podía llegar”. Y advierte con una sonrisa socarrona: “Fue una experiencia divina para la que hay que tener mucha inteligencia”.

En el Alto de los Leones cazó una perdiz a la carrera. Más tarde atrapó un conejo, pero le pillaron los guardas. “Me trataban de usted”, explica todavía con sorpresa. “Les conté lo que hacía y no sólo no me hicieron nada, sino que me dijeron que si quería podía matar otro conejo para comer”.

Dormía por el día y caminaba por la noche. Sólo lloró una vez. Cuando por el camino se encontró al tradicional enemigo de los pastores, un lobo atropellado que agonizaba en una cuneta. “Se me cayó el alma, el lobo es el animal más sincero que existe”.

En Ávila lo detuvo la Guardia Civil, pues su familia había denunciado la desaparición. Explicada su original aventura siguió camino hacia el norte. Tardó una semana en recorrer los 400 kilómetros de la ruta, pero al final llegó. Reventado y feliz.

“Fue un aviso. Ahora quiero hacer toda la Cordillera Cantábrica, desde Riaño a Galicia, pero eso me lo tengo que pensar un poco más”.



(publicado el viernes 11 de Julio en "La Crónica Verde" de César-Javier Palacios en el diario 20 minutos)

1 comentario:

Lola dijo...

¡Qué bonita historia!
Me gusta la gente de verdad, las historias normales, o anormales si pensamos en la campana de Gauss.