Sudor. Inquietud.
Pensamientos intrusivos.
Ni la lectura ni el cansancio son suficientes.
Cambio de postura sin esperanza.
Fallan también la masturbación y el vasito de agua.
Al final, otra vez moléculas
de lorazepam surcando mi sangre.
Te echo de menos y pienso en tu cuerpo
como un cadáver aun caliente
en el maletero de mi cerebro.
Y ahora que por fin he podido matarte,
duermo.
MANIFIESTO por NATACHA G. MENDOZA
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Quería que mi protagonista estuviera obsesionada con Schopenhauer, que
transmitiera inconformidad y una cierta inclinación hacia el suicidio.
Llevaba día...
Hace 9 horas


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