Clavado frente al horizonte,
miro a las nubes con los pies hundiéndose en la arena.
Y pienso en colocarme para colocar
lo que queda de mi vida a salvo de tu recuerdo
de saliva y piedras. Con la mirada acariciando
la tentación de adentrarme en el mar
y la tormenta para no volver.
A pensarte ni a Madrid. Espuma de óxido y sal.
De mi cabeza. Deja hueco
para la imagen de mi cuerpo muerto
mordido por las olas entre la orilla de sangre
y media luna de pena entera.
Aquí sigo. Esperando que algo aparezca de pronto
y me arrastre consigo. Y no consigo que me besen
el corazón con las manos llenas de tierra. Fin.
Que me digan de qué llevo huyendo media vida.
Que me miren al alma y me terminen de destruir.
MANIFIESTO por NATACHA G. MENDOZA
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Quería que mi protagonista estuviera obsesionada con Schopenhauer, que
transmitiera inconformidad y una cierta inclinación hacia el suicidio.
Llevaba día...
Hace 9 horas


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