lunes, 18 de julio de 2011

Lowcost


Rugen los motores.
Parpadean sobre mi cabeza tres líneas de fuga de lucecitas tenues y botones inútiles.
Un bebé magrebí que llora gritando como si fueran a sacrificarlo desafía en decibelios a las ofertas dutyfree por megafonía ensordecedora de este mercadillo callejero que son abordo las lowcost.
Compiten entre ellos por la heroicidad de no concederme 30 minutos de sueño superficial.

Miro por la ventana y tras el ala metálica de reflejo deslumbrante observo incrédulo el suelo del que me alejo. Escéptico, casi desprecio la maqueta menguante y ridícula, enmarcada de nubes, donde se escenifica mi realidad cotidiana. A 18.000 pies de altura, no tan atrás pero muy abajo, casi todos mis problemas se convierten en absurdas miniaturas de coleccionista. Insignificantes. Cuesta tomarlos en serio tras esa apariencia de juguetes inofensivos de preescolar drogado con metilfenidato. Me quedo con esta sensación y espero que me dure.

"Señores pasajeros, aterrizaremos en aproximadamente un minuto. Por favor abróchense los cinturones de seguridad y no enciendan aparatos electrónicos".
Y de repente me sorprendo pensando cuánto debe de costar vivir una vida entera volando de aeropuerto en aeropuerto sin parar, y sin salir jamás de sus límites comerciales y acristalados. Sobreviviendo de esa realidad aislada y sin horario, vaivén de soledades anónimas errantes. Conociendo únicamente los baños de las terminales, las máquinas de refrescos y los controles de seguridad. Y a las pocas horas otra vez sobrevolar las mínimas experiencias vacías y recién adquiridas.

Sería sencillo vivir mirando siempre mis problemas personales desde muy arriba, pareciéndome objetivos bombardeables. Y ver borrarse en el tiempo la estela que otros vuelos dejaron atravesando el cielo, como la estela de infelicidad que me sigue atravesando el aliento.
"Bienvenidos al aeropuerto internacional de Marsella, la temperatura exterior es de 37ºC y la hora local las 12 y 37 de la mañana".
Definitivamente, tengo que volar más a menudo.

2 comentarios:

Low Cost| Bichotoblog dijo...

Muy buena la entrada, gracias por compartir.

Maleable dijo...

Hacía tiempo que no me pasaba por este rinconcito amable, que veo sigue a buen recaudo del oleaje impostado de la `Worl Wide Web´. Pero mira, ambos aprendimos algo: tú que tienes que volar más a menudo, y yo que tengo que dejarme caer por estos lares más de lo que acostumbro. Abrazo.